"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

miércoles, 16 de enero de 2013

Pecados inconfesables (Gaelen Foley)



“Lord Alec Knight, el granuja más elegante y apuesto de todo Londres, es un seductor aristócrata con una innumerable lista de admiradoras de la alta sociedad. Con su ingenio irresistible, su suerte en las mesas de juego y un carisma encantador, puede tener a cualquier mujer que desee. Pero, cuando la única mujer por la que alguna vez se planteó abandonar su soltería se casa con otro, Alec se da cuenta de que no quiere a cualquier mujer —quiere encontrar al amor de su vida.

La bella y valiente señorita Becky Ward hará que la vida de Alec de un giro de ciento ochenta grados cuando la rescata de una peligrosa situación. Muy pronto, nuestro protagonista se percata del terrible aprieto en el que se encuentra Becky, ya que está huyendo de su primo, el príncipe Mikhail Kurkov, por un oscuro y terrible secreto que ha descubierto acerca de él.
En medio del peligro, Alec y Becky empiezan a sentirse profundamente atraídos el uno por el otro. Después de pasar una noche abandonados al más apasionado de los pecados, Alec se proclama el caballero de la brillante armadura de Becky y jura protegerla con su honor. Pero muy pronto, la protegerá no sólo con eso.

¿Habrá encontrado el mayor libertino de todo Londres aquello que estaba buscando… el verdadero amor? (Sinopsis extraída de Autoras en la Sombra)

Pecados inconfesables supone la sexta entrega de la exitosa serie Knight de Gaelen Foley. En ella nos encontramos con Alec, el hermano que, probablemente, más expectativas había despertado; y Becky, una joven que huye del peligro que la acecha en su propia casa.

Alec es un libertino, inmoral, de deslumbrante atractivo y carácter encantador. Pese a ser un hombre que adora a su familia y que puede pasarse horas jugando despreocupadamente con sus pequeños sobrinos, en el fondo es un ser egoísta, acostumbrado a preocuparse sólo por sus propios sentimientos, por sus propios deseos. Durante años ha tenido a Lizzie, la dama de compañía de su hermana y una de las mejores personas que ha conocido jamás, besando el suelo que pisa. Ella atendía todas sus peticiones. Ella estaba pendiente de cada una de sus necesidades. En cualquier habitación en la que se hallara, sentía la mirada de Lizzie sobre él, manteniendo la distancia suficiente para que él no se sintiera agobiado pero, al mismo tiempo, lo suficientemente cerca como para acudir a su lado al chasquido de sus dedos. Por eso, cuando la joven lo abandona para casarse con otro, el mundo de Alec se derrumba. 

Acostumbrado como estaba a que ella lo adorara, convencido de que, cuando él se aburriera y decidiera sentar la cabeza, ella estaría ahí para convertirse en su esposa, que Lizzie lo haya abandonado supone, prácticamente, una traición. Así, de repente, Alec se encuentra con que, en su afán por lograr su propio placer, se ha ido quedando solo. Sus hermanos no confían en él, Lizzie lo ha dejado y él se ha convertido en poco menos que un prostituto. Hastiado, derrotado, convencido de que su vida es una farsa, encontrarse a una damisela en apuros es lo último que espera… Y, probablemente,  lo único que conseguirá devolverle la ilusión.

Becky debe reunirse con el duque de Westland, sea como sea. Ese hombre es su última esperanza para derrotar a su malvado primo y recuperar lo que es suyo. Pero, para ello, debe burlar a los secuaces del príncipe Mikhail Kurkov, unos sanguinarios asesinos acostumbrados a seguir el rastro de sus víctimas. Así, mientras corre por las sucias calles de Londres, ve cada vez más difícil lograr su objetivo. Hasta que aquel libertino abandona a sus amigos y decide ayudarla en su cometido. Sin preguntas. Sin pedir nada a cambio.  Y Becky sabe, sin lugar a dudas, que aquel sí es uno de esos caballeros de brillante armadura de los que hablan las leyendas.

Como dije anteriormente, Alec es, sin duda, el Knight que más expectativas ha generado. En cada uno de los libros de sus hermanos tenía su momento, demostrando su picardía, su sentido del humor, su sensualidad, su inteligencia. Y el problema de las novelas que generan expectativas es que, a menudo, no las superan. Eso es lo que me ha sucedido con Alec. Y no porque la historia no sea buena. Al contrario, Pecados Inconfesables, con una maravillosa narración, unos personajes redondos y una trama interesante, podría ser, sin duda, el orgullo de muchas autoras.  Pero no de Gaelen Foley. La mujer que dio a luz historias como la de Lucien o Damien podría haberlo hecho mejor. El cómo, no lo sé. El por qué, no puedo explicarlo. Simplemente, la historia de Alec se me ha quedado corta. Le falta intensidad, esa fuerza que mantiene al lector enganchado, incapaz de soltar el libro. Le falta pasión, pese a la innegable atracción existente entre sus personajes, no han logrado transmitirme esa pasión que transmitía Lucien, por ejemplo, y que en el personaje de Alec se esperaba con más fuerza todavía.

No obstante, pese a esas carencias, sigue siendo un Knight (ya no digo Foley, como antaño, porque últimamente esta autora me ha decepcionado un poco), con esos increíbles personajes, esa narración fluida y esas historias que hacen soñar al lector desde la primera página.

Aunque no es un libro de sobresaliente contundente como algunos de los anteriores, se merece, en mi opinión, un notable alto. Le doy un 8,5.


CITA DE PECADOS INCONFESABLES:

“Y sin embargo, de un tiempo a esta parte no le resultaba fácil mirarse al espejo, sabiendo como sabía que su depravación le había costado gran parte de la buena opinión y la estima que le tenía la única chica que había significado algo para él.”




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