"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

domingo, 24 de enero de 2010

Tempus fugit...

Hay momentos en la vida en los que te das cuenta de que nada tiene sentido. En esas ocasiones, cierras los ojos y piensas en que, en realidad, a nadie le afectaría en lo más mínimo que ni siquiera hubieras nacido. Es entonces cuando te percatas de que estas sola, de que no eres más que un personaje secundario en una hipócrita obra de teatro cuya función podría seguir adelante perfectamente sin tu actuación. Sin embargo, lo que más duele es ver que todos aquellos que te rodean sí que tienen un papel fundamental, un guión que tú desconoces por completo. Y en ese momento te das cuenta de que tu vida ha estado sumida en ese sinsentido, de que te has pasado tus días bailando una danza cuyos pasos desconoces. Y sientes ganas de romper el ritmo, de dar un paso en falso que haga que todos los demás pierdan el pie. Pero ni siquiera se te concede esa satisfacción pues no tienes la capacidad de moverte por ti misma. Estas atada, doblegada, y tu vida ni siquiera te pertenece. En otros recae la capacidad de decidir sobre tu futuro, sobre tus metas e, incluso, sobre tus deseos. Sientes que, poco a poco, te vas alejando de tu propia existencia y contemplas, como un alma fuera de su cuerpo, como tu destino se va decidiendo sin que tu puedas intervenir. Los días pasan, la vida corre y tus sueños comienzan a desvanecerse. Todo aquello que te animaba a seguir adelante, aun cuando estabas al borde del abismo, se va esfumando y sientes que ya no te queda nada. La esperanza que te ayudaba a caminar hacia el futuro con el convencimiento de que todo cambiaría se va apagando y el hastío lo envuelve todo. Mecánicamente, te levantas cada mañana, con la certeza de que ese día no será mejor que el anterior. Como un robot, aceptas aquello que parece ser lo que te ha tocado vivir. Resignada, interactuas con los hipócritas que dicen preocuparse por ti y se toman la molestia de tomar tus decisiones. Ilusionada esperas una palabra, un gesto, un abrazo de aquellos pocos, muy pocos, que se encuentran también fuera de esa farsa y que suponen la inyección de oxígeno que te mantiene con vida. Y así, día tras día, noche tras noche, ves como pasan los años y tú no eres capaz de abandonar esa espiral en la que te has caído. Desesperada, buscas tu sitio. Ese sitio que ya todos parecen haber encontrado pero que tu no has logrado hallar. Intentas alejarte pero ni siquiera eso se te permite. No puedes irte. Estas atrapada y a nadie le importa. Tienes unas obligaciones que no has aceptado pero que debes cumplir. Unos objetivos que debes alcanzar aun cuando no te interesan. La satisfacción de aquellos que ostentan el poder sobre tu persona es más importante que tu propios deseos y nada puedes hacer al respecto. Y así, doblegada, cansada, frustrada e, irremediablemente, rendida, te encuentras, acurrucada en un rincón intentando mantener con vida esa llamita de esperanza que, con cada minuto que pasa, se va extinguiendo sin remedio.


2 comentarios:

Mientras Lees dijo...

Y así, doblegada, cansada, frustrada e, irremediablemente, rendida, te encuentras, acurrucada en un rincón intentando mantener con vida esa llamita de esperanza que, con cada minuto que pasa, se va extinguiendo sin remedio.

Qué profundidad en tan pocas palabras, me siento identificada.

Un gran texto.

fani dijo...

Gracias!!! Es bueno sabes que hay mas gente que siente lo mismo que tu.
Un besazo!!

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