domingo, 31 de julio de 2011

Ángel Tentador (Julia London)

“El amor prohibido es siempre una elección escandalosa...
Ella corría a toda velocidad cuando aterrizó estrepitosamente encima de un jadeante y estupefacto desconocido, era el hombre más guapo que nunca había conocido. El desconocido aturdido sólo veía la cantidad de niños huérfanos que tenía a su cargo, pero robó el corazón de Lauren Hill con un beso abrasador antes de irse. Lauren no podía decirle que era una condesa viuda que pasaba momentos de apuro. Trató de olvidarle, hasta que se lo encuentra de nuevo en un baile en Londres. El hombre que la hechizó, con el que sueña desde entonces es un duque, está fuera de su alcance... y además está comprometido con otra mujer.
La encantadora condesa bávara despierta la curiosidad de toda la sociedad. Alexander Christian, Duque de Sutherland, queda estupefacto al conocer a la dama que ocupa la mayoría de los rumores de la temporada, no es otra que Lauren la chica de campo que ha capturado su corazón. El deber le ha forzado a comprometerse con otra persona, una capaz de ocupar el lugar que por derecho le pertenece en la sociedad y el Parlamento. Pero el quiero una noche con su hechicera de ojos azules, después intentará alejarse de ella de nuevo, va a arriesgar todo por estar con la mujer que hace hervir su sangre y domina sus sueños... su ángel malvado.”

Ángel tentador constituye la segunda entrega de la serie “Granujas de Regent Street” de la autora de novela romántica Julia London. En ella nos encontramos con Alex Daniel Cristian, duque de Sutherland, a quien ya habíamos conocido en el libro anterior de esta saga (El diablo enamorado); y con Lauren Hill, condesa de Bergen, una mujer sorprendente en más de un sentido.
Alex Cristian es, como ya se nos dejó entrever en la entrega anterior, un tipo encantador, uno de esos hombres que traen a las mujeres de cabeza, y no sólo a las féminas de ficción sino a las propias lectoras que, probablemente, se enamorarán de él ya en las primeras páginas. Responsable, arrogante e irónico es, además, un individuo risueño y educado que trata a todo el mundo con respeto y a quien el título de duque le vino de rebote. Tras la muerte de su hermano Anthony, el joven no tuvo más remedio que dejar atrás sus aventuras de juventud (y por “aventuras” no me refiero a aventuras amorosas como suele suceder en este tipo de novelas sino a hazañas de verdad como escalar el Himalaya o explorar el lado más salvaje de América) y asumir el título, ponerse al frente de la compañía familiar y aceptar todas las responsabilidades que, anteriormente, habían sido de su hermano… incluido su compromiso con la joven Marlaine Reese, hija de su socio y principal apoyo en la Cámara de los lores, el conde de Whitcomb. Así pues, Alex ha tenido muy poco dominio sobre su propia vida y se ha visto arrastrado hacia una existencia con la que, aún cuando no es la que él habría elegido, se conforma. Hasta que la conoce a ella. Una joven sencilla de chispeantes ojos azules que corre campo a través perseguida por… ¡¡Un cerdo!!
Lauren Hill no es una mujer corriente. Condesa sólo de nombre, ha pasado la mayor parte de su existencia en una casa de campo medio destartalada, con la compañía de unos huérfanos a los que adora y de una serie de animales un tanto peculiares. Perteneciente a una familia arruinada, ha ideado un medio para lograr hacer frente a las necesidades de su hogar y de sus niños: el trueque. No obstante, este sistema no parece ser suficiente para su tío que, no conforme con haberla casado una vez con un vejestorio, parece dispuesto a hacerlo de nuevo. Por eso acude a Londres a pasar la temporada, aún cuando ella no desea casarse. Por eso se ve expuesta a las miradas y proposiciones de los caballeros cuando, en toda su vida, ella sólo ha deseado a un encantador montañero de ojos verdes que casi logra que la mate un cerdo y que le dio el beso más maravilloso que una mujer pueda soñar. Por eso, cuando ante ella se presenta el todopoderoso duque de Sutherland, Lauren no puede evitar sorprenderse. Su montañero es un duque. Un duque tremendamente rico. Un duque que, mira tú por dónde, está a punto de casarse con una dama terriblemente hermosa y elegante. ¿Qué puede hacer ante eso una mujer que cultiva calabazas, cuida animales y acoge huérfanos? Pues, exactamente, lo que hace Lauren: apretar los dientes e intentar olvidarse de él… por mucho que eso le duela.
Ángel tentador es una novela fascinante, repleta de momentos cómicos que provocan la sonrisa del lector y le arrancan más de una carcajada. Un relato lleno de ternura, que seduce desde el principio y con cuyos personajes no puedes evitar encariñarte (salvo con la excepción de algunos individuos de la alta sociedad y con una señorita que responde al nombre de Marlaine Reese quien, aún cuando no hace nada más que defender su compromiso, se ha granjeado mi odio más absoluto).Pero también es la historia tierna de una mujer que vive para los huérfanos a los que cuida. Y en este punto, hay que aclarar una cosa. Aunque Lauren se nos presente como el típico personaje femenino, dulce y encantador, que se desvive por los demás, no es exactamente así. Ese prototipo femenino de “mujer ángel” no casa con el personaje principal de esta novela. Lauren es una joven cariñosa y dulce que se preocupa muchísimo por aquellos a los que quiere, cierto. Pero también es una muchacha inteligente y con carácter que ha logrado salir adelante por sus propios medios y que no necesita que nadie, ni siquiera el duque de Sutherland, la rescate.
Estamos, en mi opinión, ante una novela de sobresaliente a la que, no obstante le pondré un 8,5. Y es que creo que a la autora el final se le fue un poco de las manos y lo complicó más de lo necesario.
  
                                                          Imagen

sábado, 30 de julio de 2011

El diablo enamorado (Julia London)

“El deseo de una mujer…
Abigail Carrington parte rumbo a Inglaterra para casarse con el Michael, Marqués de Darfield, a quien ama desde su infancia. Sin embargo, el hombre que la espera ante el altar es un desconocido, que se apresura a casarse con ella y después la abandona. Sólo la pasión de sus besos le hace albergar la esperanza de que el suyo no ha sido un matrimonio de conveniencia.
La necesidad de un hombre…
Por su parte, Michael Ingram apenas guarda un vago recuerdo de aquella niña mimada, y se lamenta de haber aceptado casarse con ella para poder salvar su patrimonio familiar. Pero por más que se propone ignorarla, su belleza lo tienta y sus encantos lo envenenan. Michael se esfuerza por apartarse de ella, hasta que está a punto de perderla. Es entonces cuando decide recobrar su amor antes de que sea demasiado tarde...”

El diablo enamorado es una novela perteneciente a la célebre escritora de novela romántica Julia London y constituye la primera entrega de su serie “Granujas de Regent Street”. En ella nos encontramos con Michael Ingram, marqués de Darfield, y Abigail Carrington, hija de un capitán de barco con el que Michael se embarcó siendo muy joven.
Michael Ingram es un hombre serio que ha tenido que sacar adelante a su familia solo ya que su padre, hombre aficionado al juego y la bebida, no le ayudó en absoluto. A la muerte de este, y dada la tendencia de la alta sociedad a chismorrear e inventar, el buen nombre del marqués y los suyos se ve empañado por continuos escándalos de los cuales muy pocos son ciertos. Así pues, es comprensible que, cansado de los desplantes y murmuraciones de sus pares, el joven Michael se canse de la hipocresía de una sociedad que disfruta de las desgracias ajenas y se encierre en su casa de campo de la que sólo saldrá para cumplir con sus obligaciones y negocios y amparado siempre por la oscuridad de la noche. Es comprensible, asimismo, que con el paso de los años, el misterioso comportamiento del noble, su fama de libertino y el misterio que encubre su pasado le haga granjearse el nombre de “Diablo de Darfield”.
Abigail Carrington, Abbey para los amigos, es una joven dulce, alegre e inocente que ha pasado los últimos doce años suspirando por un hombre al que conoció a bordo del barco de su padre. Un hombre al que, cuando no era más que una niña revoltosa, no dudaba en atacar con su espada de madera (curiosa forma de demostrar sus aspiraciones románticas, por cierto). Un tipo de misteriosos ojos grises que, al parecer, lleva doce largos años esperándola para casarse con ella. Por él aprendió a tocar el violín. Por él se interesó por la historia. Las cartas del apuesto marqués y sus inusuales regalos de “enamorado” la ayudaron a convertirse en la mujer inteligente, culta y refinada que es. Es normal, pues, que mientras viaja hacia la casa de su prometido para contraer ese matrimonio tan deseado por los dos esté nerviosa. Es comprensible, además, que la asalten constantes dudas sobre si Michael la encontrará aceptable tras tantos años de separación. Lo que no se puede comprender, de ningún modo, es el hecho de que, en lugar de la afectuosa bienvenida que esperaba, su prometido la reciba con una mirada fría como el hielo y exponga las condiciones de su matrimonio como si de un contrato se tratase. Lo que no tiene lógica es que, a pesar de las cartas, los retratos y los regalos que él le envió, el hombre no la conozca en absoluto.
Y así, recién llegada a Inglaterra, tras viajar desde Virginia casi sin descanso, Abbey se da cuenta de que las cosas no son exactamente como ella pensaba y de que el cuento de hadas que imaginaba no va a tener lugar.
El diablo enamorado es la historia de una mentira, un enredo que un capitán de barco llevó a cabo para juntar a su hija con un hombre serio, luchador y poderoso. Un engaño que, aún cuando no se aclara en la novela lo que realmente pretendía, yo entiendo como una jugada maestra de un padre que busca lo mejor para su hija (como ya he dicho, Abbey está enamorada del protagonista desde que no era más que una niña). Una estratagema que, aunque probablemente bien intencionada, acaba por hacer daño a dos personas que no son más que víctimas de la situación. Y es que Michael no desea casarse y mucho menos con una niña caprichosa, malcriada y desquiciante, que es como él recuerda a Abbey. Y Abbey, por su parte, ha sido víctima de tantas mentiras a lo largo de su vida, le han contado tal cantidad de historias a cerca de Michael y de su supuesto amor, que lo ha idealizado y se ha hecho tantas ilusiones que descubrir que todo aquello era mentira constituirá el peor golpe de su vida.
Lo cierto es que me ha gustado esta novela. Tiene algunos puntos criticables como el comportamiento de Abbey en algunas ocasiones (a veces parece más una niña que una mujer adulta; en otras ocasiones, se deja llevar demasiado por otros personajes como su primo), el hecho de que algunas cosas no quedan del todo claras a lo largo de la novela (como ya he dicho, no se dice en ningún momento el por qué del contrato que el padre de la protagonista le hace firmar a Michael) o algunas reacciones del protagonista masculino que a veces resultan un tanto exageradas. Pero, en general, es una novela que engancha, con momentos tiernos, divertidos y apasionados; unos protagonistas atrayentes y unos secundarios todavía más interesantes (hay un tal Alex Cristian, duque de Southerland, que con unas pocas palabras y un par de sonrisas me ha conquistado). Así pues, aunque no creo que sea una de esas novelas “inolvidables” que ocupan un lugar privilegiado en las estanterías, no dudaría en recomendarla para pasar un buen rato. Le doy un 7.

                                                

lunes, 18 de julio de 2011

Porque...



Porque me cansé, me cansé de esperar, de soñar con algo que tal vez no existe. Porque me aburrí, me aburrí de la vida, de la monotonía que cada día me recuerda que no soy más que un peón en esta partida. Porque fracasé, intenté alcanzar las estrellas y sólo encontré humo. Porque perdí, intenté ganar pero... me han vencido.