viernes, 18 de febrero de 2011

El duque (E. Elliott)


UNA DESLUMBRANTE FARSANTE

Lady Lily Walters cumplió con su rol a la perfección. En cada baile de sociedad y en cada elegante velada, sus vestidos cortos y su cháchara vacía, mantuvieron a todos los presentes tratando de adivinar la verdad. Pero detrás de sus sensuales flirteos, ella era una espía. Voluntariamente, arriesgaba su vida para proteger los secretos que sólo ella podía divulgar. Pero cuando el peligroso y atractivo Duque de Remmington la tomó en sus brazos, se encontró deseando terminar con esa farsa y mostrarle la mujer que realmente era...

UN PELIGROSO DESEO

Para Remmington, un hombre a quien los secretos y las cicatrices lo habían herido profundamente, Lady Lily era sólo otra hermosa mujer para disfrutar y luego descartar... hasta que la encontró corriendo aterrorizada por las calles de Londres. Repentinamente supo que ella era algo más que una mujer seductora, como simulaba ser. Él no sabía por qué su vida estaba en peligro, sólo sabía que debía protegerla. Aún cuando debiera forzarla a esconderse en su propia casa y comprometiera gravemente su honor, él haría algo más... la llevaría a desatar toda su pasión en una guerra de intrigas en la cual el mayor riesgo era enamorarse.”

El duque es una novela histórica perteneciente a la poco prolífica Elizabeth Elliott, autora que, a pesar de las pocas obras que ha publicado, ha logrado mi admiración absoluta.

Lily Walters lleva años enamorada del mismo hombre. Lamentablemente, el tipo en cuestión ni siquiera parece haber reparado en ella. Por más que lo intenta, cuando Miles de Montague pasea su mirada por los salones de baile, jamás se detiene en ella. Evidentemente, las habladurías sobre su persona tampoco es que la ayuden en exceso. Y es que, en su afán por cumplir con su trabajo lo mejor posible, ha logrado engañar a la mayor parte de la Sociedad londinense que la considera poco más que una descocada excéntrica y superficial… Aún cuando la realidad sea otra.

Miles de Montague, duque de Remmington es un granuja, uno de esos hombres para los cuales las mujeres no son nada más que un efímero pasatiempo. O, al menos, esa es la imagen que de él tienen sus congéneres. Y es que, en realidad, sólo es un hombre al cual su anterior matrimonio marcó terriblemente y le llevó a desconfiar de las mujeres y a considerar el amor como un sentimiento superfluo y efímero.

¿Qué puede llevar, pues, a dos seres tan diferentes a convivir bajo el mismo techo? Un intento de asesinato. Una misma misión. O, tal vez, el destino.

Cuando Miles descubre a Lily escapando, aterrorizada, por las calles de Londres se da cuenta de que, quizá, no sea la joven ligera de cascos que él pensaba. Cuando, para protegerla, debe alojarla en su casa se percata de que esa mujer puede ser realmente peligrosa para él.

Lily, por su parte, descubre, a medida que conoce al verdadero Miles, que el duque no es, en realidad, el tipo de hombre que ella pensaba. Es un individuo protector, valiente y bastante agradable cuando quiere. Lamentablemente, esto no le ayuda a olvidarse de lo que siente por él sino todo lo contrario. A medida que pasa el tiempo, se va enamorando cada vez más de él… aún cuando él siga sin sentir lo mismo.

Hace bastante tiempo que leí esta novela por primera vez y recuerdo que, inmediatamente, clasifiqué a su autora como una de mis favoritas. Cuando, ayer, la releí, recordé por qué. Con un estilo sencillo y unos personajes psicológicamente muy trabajados, Elizabeth Elliott logra construir una de esas novelas que “te dicen algo”, que te dejan con ganas de más y te llevan a buscar sus novelas en las estanterías de las librerías. No obstante, como ya he dicho, no hay muchas. Una pena ya que las tres que ha publicado en español me han parecido maravillosas.


domingo, 13 de febrero de 2011

No hay que amar como los niños (Ray Loriga)

Hoy, leyendo El País me he encontrado un artículo que me ha encantado. Así que, en conmemoración de San Valentín, fecha que odio, os lo dejo por si le queréis echar un vistazo.

"¿Y si dejas de susurrar? ¿De exigir de escudriñar, de manosearlo todo? ¡Qué cansado! Y qué aburrido. ¿Y si aparcas las intenciones, las malditas metáforas, las conclusiones, la arrogancia y la ironía? ¿Y si creces de una vez? Sentado en la cocina, no precisamente el cuarto más caliente de la casa, me dispongo a querer de veras, aunque para ello tenga que poner el corazón de una vez por todas en su sitio. Te veo claramente, apenas desfigurada, que decía Éludard. No más trucos, el tiempo de jugar a bandoleros ha pasado. Me veo obligado a hablar por más que no diga nada importante, ni interesante siquiera, Qué remedio. No estaré solo si puedo evitarlo, y puedo evitarlo si quiero evitarlo. No voy a callarme precisamente ahora. Sólo los niños se aprovechan del silencio para darse lustre, para hacerse notar, para esgrimir sus precarias razones. Los hombres hablan aun a su pesar y se condenan a vivir con lo dicho, con lo hecho, no hay otra manera de vivir.

Sentado en la cocina, me dispongo a renunciar a la grotesca impostura de querer en sueños, a la francesa. Una disposición muy noble, sí señor, una que ya demoraba su presencia. La espalda recta, el ánimo bien despierto, resuelto. Se enciende y se apaga la caldera, obligada por su eficiente termostato, calentando el salón, el estudio, el dormitorio, pero no hay radiadores en la cocina. El frío ayuda, espabila, obliga al corazón a dejarse de tonterías. El frío es la mar de saludable en asuntos de amor. Hay que tomarse estas cosas con ridícula seriedad o no mencionarlas en absoluto. Si hay que hacer más café, se hace, cualquier cosa con tal de evitar que nos venza el cansancio. No desfallecer es lo esencial, llegados a este punto. Bien mirado, no es de extrañar el desastre que me precede, nunca antes demostré tal entereza; me conformaba, supongo, con el rumor infantil de las ensoñaciones, con la temperatura amable y engañosa de las habitaciones más calientes de la casa. No era capaz entonces de soportar el frío, me quejaba, como los niños que protestan por cualquier cosa y lo desean todo sin desear nada y se aburren a cada rato de sus regalos nuevos. Pero ese tiempo ya ha pasado, este tiempo es otro. Ni sanvalentines, ni puñetas. Ni cartas de amor, ni zarandajas. Ni licores, ni flores. Un café más y a lo que íbamos.

Sentado en la cocina ya no imagino nada y me remito a los hechos. Hay datos exactos, pruebas, decisiones tomadas. No me tiemblan las manos a la hora de dar puñetazos en la mesa, el ruido de los nudillos contra la madera se extiende por el pasillo, es muy posible que lo escuches. No lo hago por distraerte, sino para darme la razón, para decirme que sí, que es cierto. No estoy ya para andar como los gatos, en silencio y como quien no quiere la cosa. Puedo hablar en voz alta y lo hago. Si de amar se trata, amemos, pero no como los niños, o los poetas. Sin gemidos ni reproches, sin desmayos, sin señuelos. Que no se diga que el tiempo nos pasa por encima para nada. La paciencia humana tiene sus límites y la mía está agotada. No mentiré de nuevo, las herramientas a cierta edad deben sustituir a los juguetes, también ha cambiado el tamaño de nuestros dedos. Dejemos que la edad haga su trabajo.

Ya no es posible pretender amar solo en febrero, ni al tuntún de la luna y las mareas. Si se apagan las velas, que se apaguen; si se mueren las rosas, que se mueran; si se pierde un guante, bien perdido está. Nada se parece a ti, y por tanto me parece conveniente no compararte con nada. Más que harto estaba ya de la traición gélida de los espejos. De la trampa y el cartón de los misterios y la coquetería boba de las leyendas, los laberintos, los crucigramas.

Sentado en la cocina y apoyada la espalda contra el frío real, me dispongo por fin a quererte, pero no como los niños, no con ese amor caprichosamente desesperado, no entre los tesoros que en realidad no tengo, sino en serio.

Con las palmas de las manos hacia arriba y los ojos bien abiertos."

domingo, 6 de febrero de 2011

Nuevos premios...

Bueno, esta entrada es para, en primer lugar, agradecer los premios que Dama Blanca desde El salón de Dama le ha otorgado a Astral Romances. ¡Muchísimas gracias, guapa! Tú sí que te mereces todos los premios que te den.
Además, tengo que otorgárselos a otros 10 blogs. Se los concedo a los siguientes aunque creo que el esfuerzo que realizan todos aquellos que tienen un blog en la red, debería ser premiado también.
1. A Dama Blanca de El salón de té de Dama.
2. A LadyMarian de Blog de Lady Marian.
3. A Lujo de Blog de Lujo.
4. A Bonnie de El rincón de Bonnie.
5. A Noemí de Mi vicio romántico.
6. A Dácil de El rincón de Dácil.

sábado, 5 de febrero de 2011

Mi nombre es Liberty (Lisa Kleypas)

“Liberty Jones alberga sueños y tiene una gran determinación. Esto la llevará lejos de Welcome, Texas… si consigue que su mente no se deje dominar por su apasionado corazón. En cuanto a Hardy Cates, también sus ambiciones van mucho más allá de Welcome, y Liberty constituye una complicación que no necesita.

Sin embargo, algo más fuerte que ellos mismos los atrae intensamente…

Cuando Hardy se marcha de la ciudad para intentar alcanzar sus objetivos, la vida de Liberty sufre un cambio radical, un cambio que la llevará a conocer a un hombre mayor que ella, poderoso y protector. Y también a descubrir secretos de su propia familia… Dos hombres. Una mujer. Una elección que puede salvar a ésta o hundirla. Una historia de amor que nunca olvidarás, en la primera y esperada novela romántica contemporánea de Lisa Kleypas”.

Mi nombre es Liberty constituye la primera entrega de la serie Travis, la primera saga contemporánea de la aclamada Lisa Kleypas.

Lo primero que llama la atención en esta historia es que está escrita en primera persona. Lo cierto es que, he de reconocer, que este tipo de narrador no me gusta. Creo que limita muchísimo la narración, que impide conocer realmente a todos los demás personajes y que le resta profundidad a la trama. En Mi nombre es Liberty esto no sucede. Es cierto que al personaje que mejor conocemos es a la protagonista pero eso no quita que todos los demás nos resulten tremendamente cercanos, que, incluso, podamos comprender el por qué actúan como actúan sin necesidad de que se nos diga explícitamente cómo piensan. Liberty aparece como una joven tremendamente observadora y, gracias a esas descripciones de los gestos, miradas, muecas y demás del resto de los personajes, no nos resulta difícil comprenderlos.

Otra cosa que llama la atención es que no es una novela romántica “común”. La historia comienza con una Liberty que no es más que una niña, con su llegada a su nueva casa, en un nuevo pueblo, con unos nuevos amigos. Allí conoce a Hardy Cates al que no dudamos en considerar el protagonista masculino. Pero todo cambia cuando Hardy se va en busca de un futuro mejor, sin que ni siquiera el ¿amor? que siente por Liberty lo detenga. Y ella se queda sola, con una hermana menor de la que hacerse cargo y sin ningún futuro en perspectiva. Así pues, la primera parte de la novela gira entorno a la vida de Liberty, a cómo sale adelante con una hermana menor, sin nadie que la apoye y teniendo que buscarse la vida por su cuenta. Es cierto que la historia con Hardy está ahí, presente, pero muy en el fondo, lo que importa de verdad es la vida que lleva Liberty. Hasta que conoce a Churchill Travis y su vida da un giro radical. Y aquí comienza la segunda parte de la novela, la verdadera historia de amor. Pero…

¡¡Llevamos ya doscientas páginas!!

Y esto es algo que parece haberle chocado a muchos lectores. A mí, sin embargo, me ha encantado. Llegados a este punto de la novela sabemos por lo que ha tenido que pasar la joven, cómo ha sido su vida y lo mucho que su hermana significa para ella. Llegados a este punto podemos comprender cuánto necesita Liberty a un hombre como Gage Travis. Sí, sí, como Gage, no como Hardy.

Gage es un hombre serio, responsable y, bueno, para qué negarlo, tremendamente atractivo. Y esto es algo que ni siquiera Liberty, quien lo considera un “hijo de puta implacable, un pitbull con pedigrí” así como “un grandísimo capullo”, puede negar. Protector con su familia y muy reservado, la primera impresión que tiene de Liberty es, sencillamente, lamentable. Y es que piensa que se está tirando a su padre. Pero, poco a poco, Gage se da cuenta de que, en realidad, ella no es como él pensaba. Al fin y al cabo, es bien sabido que las apariencias engañan y entre ellos todo ha sido confuso desde el principio.

Mi nombre es Liberty es una novela sorprendente, tierna y divertida. Con unos protagonistas encantadores y unos secundarios que enganchan, resulta difícil dejar la novela a la mitad. Es uno de esos libros que, de vez en cuando, relees con la misma intensidad que la primera vez. Aún así, he de reconocer que hay algo que no me gustó aún cuando la autora sea Lisa Kleypas. Es estupendo que conozcamos tan bien a Liberty y que nos cuente su vida pero… la historia de amor sabe a poco, es demasiado breve y nos deja con ganas de más. Menos mal que en las siguientes entregas de la serie tendremos un poco más de esta maravillosa pareja.




Heaven, Texas (Susan Elizabeth Phillips)


“Bobby Tom ha nacido en Heaven, Texas, bendecido por los dioses: tiene el cuerpo de modelo, los ojos azules y ha sido un legendario futbolista de los Chicago Stars, hasta que una lesión lo aparta de los terrenos de juego. Desde entonces, vive sin objetivos claros y acepta rodar una película de acción. Aunque que haya firmado no quiere decir que vaya a rodarla… Cuando finalmente la productora se cansa de esperar que se presente en el plató, encarga a la cándida Gracie Snow la misión de acompañarlo al lugar de rodaje.

Gracie Snow ha vivido siempre en una residencia de ancianos propiedad de sus padres y, cuando por fin sale de allí, quiere ser libre como un pájaro. Lástima que su primer trabajo en la productora sea encargarse de un hombre mimado y pegado de sí mismo como Bobby Tom Denton.

Bobby Tom resulta ser un duro trabajo a jornada completa por el que acaba sintiéndose muy atraída”.

Heaven, Texas constituye la segunda entrega de la serie Chicago Stars de Susan Elizabeth Phillips. En ella se nos cuenta la historia de Bobby Tom, una de las figuras más emblemáticas del equipo y de la cándida y anodina Gracie, una joven demasiado buena y poco experimentada como para sobrevivir en el complicado mundo de Hollywood. Sobre todo, si su primera misión es arrastrar hasta Heaven al individuo más terco, egocéntrico, irresponsable y caprichoso que existe sobre la faz de la tierra. No obstante, su cabezonería y sentido de la responsabilidad le impiden abandonar la tarea, por muy difícil que él se lo ponga, y está dispuesta a cumplir con su trabajo aún cuando tenga que arrastrarlo hasta Heaven.

Cuando Gracie Snow llega a la residencia de Bobby Tom dispuesta a obligarlo a cumplir con su contrato lo último que espera es que la confundan con una streapper.

¡A ella!

¡La última mujer virgen de treinta años!

¡La hija de los dueños de una residencia de ancianos, criada entre encantadores abuelitos y acostumbrada a la tranquilidad y el aburrimiento!

¡La mujer con peor sentido de la moda que existe sobre la faz de la tierra!

¿Qué hacer en tan complicadas circunstancias? Gracie duda mas, decidida como está a dejar atrás su aburrida vida y a convertirse en una mujer moderna, decide que hará lo que sea necesario para que aquel hombre cumpla con su contrato. Y así, con un accidentado primer encuentro, comienza una aventura que la llevará a viajar durante cientos de kilómetros con un hombre al que apenas conoce, le abrirá los ojos al mundo real y, tal vez, le proporcione la llave de una puerta que jamás ha sido abierta: la que mantiene blindado el corazón de Bobby Tom.

Bobby Tom tiene todo lo que cualquier hombre pueda desear. Es uno de los futbolistas más famosos y aclamados, es tremendamente atractivo, posee una habilidad especial para hacer dinero y las mujeres más bellas del momento pelean por lograr que él les conceda el honor de someterlas a su examen de fútbol. Y, no, lo del examen de fútbol no es nada guarro, es la prueba a la que este egocéntrico deportista somete a todas aquellas que aspiran a casarse con él. Y es que para casarse con Bobby Tom es necesario saberlo absolutamente todo de este deporte, ya sean medidas, resultados o nombres de futbolistas y equipos. Así pues, Gracie, que no ha visto un partido completo en su vida, no tiene absolutamente nada que hacer. Aunque tampoco es que tenga la menor posibilidad de conquistar a este caradura. Con su aspecto pasado de moda, su belleza discreta y su desconocimiento de cualquier método de seducción pasa totalmente desapercibida para este donjuan… O, al menos, lo pasaría si no se convirtiese, desde el mismo instante en el que se encuentran, en su peor pesadilla.

De la noche a la mañana, Bobby Tom se encuentra con que no puede ir a ningún lugar sin que esta mujer lo persiga. De repente, la sombra del jugador, hasta entonces anónima, responde al nombre de Gracie Snow. Y así, entre discusiones, persecuciones y alguna que otra risa, la complicidad entre ellos aumenta y Gracie logra conocer al auténtico Bobby Tom, un hombre desesperado a raíz de la lesión que lo ha apartado para siempre de los terrenos de juego, un tipo cansado del acoso mediático al que es sometido, un individuo que no tiene ni la más remota idea de qué significa amar a alguien.

Como ya dije en la crítica de Besar a un ángel, me alegro muchísimo de haberle dado una segunda oportunidad a Susan Elizabeth Phillips. De no haberlo hecho me hubiera perdido a una de las autoras de novela romántica contemporánea más ocurrentes y originales. Con unos personajes divertidos, irónicos y tremendamente humanos (con todos los defectos y virtudes que ello conlleva), S.E.P. sabe como enganchar al lector, sumergirlo en sus novelas y obligarlo a llegar hasta el final. Heaven, Texas no es una excepción ya que es una de esas novelas que te enganchan en las primeras páginas con una situación completamente absurda y te sumergen en una de esas historias que a todas nos gustaría vivir, al menos, una vez en la vida.