"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Bridgerton 1. El duque y yo (Julia Quinn)



Sinopsis

Todos parecían divertirse en aquel baile que reunía a lo más selecto de la sociedad londinense. Todos, excepto ellos dos. Daphne, una hermosa joven agobiada por su madre, y Simon, el huraño nuevo duque de Hastings, tenían el mismo problema: la continua presión para que encontraran pareja. Al conocerse, se les ocurrió el plan perfecto: fingir un compromiso que los liberara de más agobios. Pero no sería sencillo, ya que el hermano de Daphne, amigo de Simon, no es fácil de engañar, ni tampoco lo son las avezadas damas de la alta sociedad. Aunque lo que complicará de verdad las cosas será la aparición de un elemento que no estaba previsto en este juego a dos bandas: el amor. 

Desde que fue presentada en sociedad, Daphne no tiene un momento de respiro. La culpa es de su madre, a la que adora, pero que está obsesionada con encontrarle un marido cuanto antes. Lo peor del caso es que los hombres razonablemente deseables no están interesados, y los que sí lo están son unos incansables pesados de los que tiene que librarse... incluso a golpes. Por eso acepta encantada la idea del duque de Hastings de fingir un noviazgo que ahuyente a los pretendientes. Aunque quizá también tenga algo que ver el hecho de que el joven duque comienza a resultarle cada vez más seductor. 

Marcado por una infancia llena de soledad y resentimiento, Simon Basset, el nuevo duque de Hastings, no quiere saber nada de la vida social de Londres ni, desde luego, de los intentos de las elegantes damas de “cazarlo” como marido para sus hijas. Cuando conoce a Daphne, cree haber encontrado el plan perfecto: un compromiso ficticio que mantenga alejadas a las pretendientes que lo agobian. Y cuando la atracción fingida comienza a convertirse en algo demasiado real, Simon deberá enfrentarse a los fantasmas del pasado que le impiden disfrutar la felicidad que el destino pone al alcance de su mano. 

Crítica

El duque y yo supone la primera entrega de la serie Familia Bridgerton, de Julia Quinn. En ella nos encontramos con Daphne, la mayor de las hermanas de la familia; y Simon, nuevo duque de Hastings.

Daphne es plenamente consciente de que debe casarse. Sin embargo, eso no quiere decir que esté dispuesta a atarse a cualquiera. Aunque no lo pregone a los cuatro vientos, desea algo más que un matrimonio de conveniencia. Desea una relación como la que tenían sus padres. Y es que para alguien que se ha criado en una familia numerosa, rodeada de cariño y con el ejemplo de unos padres que se amaron más que a nada, conformarse con uno de esos compromisos insulsos y sin sentido en los que cada uno de los miembros busca el amor lejos del lecho conyugal, no es ni siquiera una opción. Por eso ha rechazado a varios pretendientes. Por eso es ya una profesional de la evasión… Hasta que en una de esas acciones evasivas se tropieza con el esquivo, misterioso y poco recomendable Simon Basset, duque de Hastings.

Simon jamás deseó regresar a Inglaterra ni tomar posesión de su título. Marcado por una traumática infancia, convertirse en duque nunca ha sido su objetivo. Sin embargo, cuando su padre muere se ve obligado a regresar y convertirse en aquello que desprecia. Con los fantasmas del pasado acechando en cada esquina y las damas casaderas de Londres dispuestas a cualquier cosa por atraparlo, su vida se convertirá en una carrera de obstáculos. Y es que, pese a no haber tenido más remedio que heredar el título de su progenitor, eso es en todo lo que está dispuesto a ceder. Heredará el título… Y este morirá con él. Y es que Simon tiene la firme determinación de no casarse jamás. Ni procrear heredero alguno. Hasta que aparece Daphne con su sonrisa contagiosa y su sentido del humor. Daphne, la hermana de su mejor amigo. Una mujer totalmente prohibida. Una joven a la que desea más que a ninguna otra cosa en el mundo. Pero él es un hombre fuerte y logrará resistirse a la tentación… O eso cree.

Hace años que leí esta novela por primera vez. En aquella época, mis inicios como lectora de romántica, todavía tenía la capacidad de entusiasmarme fácilmente. No era necesario que una novela fuera excesivamente buena, o emotiva, o sensual, para que me fascinara. Por aquel entonces, El duque y yo se convirtió en una de mis novelas de referencia. Simon Basset me fascinó en la primera página. Daphne se ganó mi simpatía en cuanto abrió la boca. Colin Bridgerton, protagonista de la cuarta entrega de la serie, me robó el corazón en cuanto apareció en escena. Y los Bridgerton, en general, se convirtieron casi en miembros de mi propia familia.

A lo largo de este tiempo he releído la novela muchas veces. Me he encontrado con sus protagonistas a menudo y he rememorado sus aventuras con frecuencia. Y pese al tiempo transcurrido, pese a que ese entusiasmo inicial por la romántica ha decaído notablemente, los Bridgerton siguen ocupando un estante privilegiado en mi estantería, guiñándome un ojo desde la repisa y recordándome por qué soy una fan incondicional de la romántica. Esta serie, junto a algunas otras joyas, son las que mantienen mi esperanza, las que hacen que todavía me acerque a los estantes de romántica de la Casa del libro por muchos Grey y similares que invadan las estanterías.


Para mí, una novela de SOBRESALIENTE. 

«—¿Qué te pasa, Simon? —le preguntó. Tenía una cara que nunca había visto, con los ojos llenos de rabia, angustia y desesperación—. ¡Te va a matar! Os reuniréis en algún campo perdido y te matará. Y te comportas como si quisieras que lo hiciera.
—N-no q-q-quiero m-morir —dijo, demasiado cansado para preocuparse por el tartamudeo—. P-pero no puedo casarme contigo.
Las manos de Daphne le resbalaron por los brazos y ella se alejó. La mirada de dolor y rechazo en sus ojos era casi insoportable. Estaba tan abatida, envuelta en el abrigo de su hermano, con ramas de zarza colgadas del pelo. Cuando abrió la boca para hablar, parecía que las palabras le salían directamente del alma.

—Siempre he sabido que no era la mujer por la que los hombres suspiraban, pero nunca pensé que alguien prefiriera morir antes que casarse conmigo.»
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