"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

jueves, 25 de julio de 2013

Chove en Santiago.

Hoxe, máis ca nunca, chove na capital galega, mais son as bágoas pola traxedia as que mollan as rúas santiaguesas. Bágoas por unha traxedia que, probablemente, poderíase ter evitado. Bágoas por todos os que quedaron entre os cascallos dun tren e os que seguen, aínda arestora, a loitar por salvar a súa vida.

Mais, mesmo no medio do peor dos dramas, asoma sempre algún raíño de sol. Centos de persoas dispostas a axudar con todo o que teñen, a expor a súa propia vida por tentar salvar a doutro. Policías, bombeiros, persoal sanitario, moitos deles deses funcionarios que parecen ser sempre o centro de tódalas críticas. Persoas anónimas que, sin pensalo sequera, lanzáronse ás vías para rescatar ós feridos; que abandonaron o que estaban a facer para acudir, á primeira chamada, os centros de transfusión de toda Galiza. Persoas que non visten traxe nin se pasean polos platós de televisión. Xente con traballo ou en paro, con maior ou menor formación académica, pero que che devolven a fe no ser humano. Ésos son os heroes de verdade.

Hoxe estou de loito, coma todo o país. Hoxe, non obstante, síntome máis orgullosa ca nunca de poderme chamar galega. //

Hoy, más que nunca, llueve en la capital gallega, pero son las lágrimas por la tragedia las que mojan las calles santiaguesas. Lágrimas por una tragedia que, probablemente, se podía haber evitado. Lágrimas por todos los que quedaron entre los restos de un tren y los que siguen, aún ahora, luchando por salvar su vida.

Sin embargo, incluso en medio del peor de los dramas, asoma siempre un rayito de sol. Cientos de personas dispuestas a ayudar con todo lo que tienen, a exponer su propia vida para intentar salvar la de otro. Policías, bomberos, personal sanitario, muchos de ellos de esos funcionarios que parecer ser siempre el centro de todas las críticas. Personas anónimas que, sin pensarlo siquiera, se lanzaron a las vías para rescatar a los heridos; que abandonaron lo que estaban haciendo para acudir, a la primera llamada, a los centros de transfusión de toda Galicia. Personas que no visten traje ni se pasean por los platós de televisión. Gente con trabajo o en paro, con mayor o menor formación académica, pero que te devuelven la fe en el ser humano. Esos son los héroes de verdad.

Hoy estoy de luto, como todo el país. Hoy, no obstante, me siento más orgullosa que nunca de poderme llamar gallega.


2 comentarios:

Alicia (Ἄρτεμις) dijo...

Después de la congoja que tengo desde ayer, la pena enorme por esta fatídica tragedia, tus palabras me han emocionado sobremanera.
Mucho ánimo a todos los gallegos y mi más sentido pésame a todos los familiares y amigos de las victimas.

Un beso Fani

Fani dijo...

Gracias Alicia. Va a ser difícil olvidar algo como lo de ayer.

Biquiños.

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