sábado, 31 de marzo de 2012

Frases destacadas.

"El alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada" (Gustavo Adolfo Bécquer)

"La soledad es muy hermosa... cuando se tiene a alguien a quien decírselo" (Gustavo Adolfo Bécquer)

"El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo" (Gustavo Adolfo Bécquer)

"Es fácil equivocarse. Lo difícil es vivir con las consecuencias" (Acheron)

"Escúchame y te diré una cosa que akri me dijo en una ocasión. Tenemos tres tipos de familia: aquellos de los que nacemos, aquellos que nacen de nosotros y aquellos que llevamos en el corazón. Yo te llevo en mi corazón, así que Simi es ahora tu familia, y no te dejará marchar." (Simi a Gallagher)

"- No sé tú, pero estoy famélica. ¿Te apetece mordisquear algo?
- Tienes que ser la única mujer viva que puede hacerle esa pregunta a un hombre con colmillos" (Disfruta de la noche)

"Imora thea mi savur -susurró Ash en Atlante.
Dios sálveme de amar" (Acheron en La cara oscura de la luna)

"Eres un alma errante buscando una paz que no existe." (Cassandra a Wulf en El beso de la noche)

"El príncipe azul no siempre llega al rescate. La mayoría de las veces está demasiado ocupado con la capulla y perfectísima Cenicienta y sus perfectos piececitos como para prestarnos atención a las demás" (Bride en El juego de la noche)

"Quiero escuchar las risas cuando miro al cielo. Quiero reír, pero no sé cómo" (Zarek)

"Contra ti, padre, estaría de pie junto a Mickey Mouse" (Urian en Acheron)

"Para una mujer que puede defenderse por sí misma en una pelea, no puedo creer que te hayas golpeado con una puerta indefensa" (Ravyn)

"Es más fácil pedir perdón que concederlo" (Arien)

"- ¿Cómo puede alguien temer enamorarse?
- ¿Cómo no pueden? Cuando amas a alguien... cuando realmente lo amas, amigo o amante, le tiendes abierto tu corazón. Le das una parte de ti mismo que no le has dado a nadie y le dejas entrar en una parte de ti que sólo ellos pueden herir, literalmente, le entregas una navaja con un mapa de donde pueden cortar más profundo y más dolorosamente en tu corazón y en tu alma. Y cuando golpean eso te paraliza, igual que si te arrancaran el corazón. Esto te deja desnudo, expuesto, preguntándote qué les hiciste para que quieran herirte tan horriblemente cuando todo lo que tú has hecho es amarlos. ¿Qué está mal contigo que nadie puede mantener la fe en ti? ¿qué nadie puede amarte? Que esto suceda es bastante malo... ¿pero que se repita? ¿quién en su sano juicio no estaría aterrado de eso?" (El diablo puede llorar, S. Kenyon)

"El amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra "nunca". El amor no es sabiduría, es locura." (Perdona si te llamo amor, Federico Moccia).

"Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en el medio del desierto o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierden completamente su importancia y sólo existe aquel momento" (El alquimista, P. Coelho).

"Voy a decirte por qué lucho. No lucho por Inglaterra, por sus aliados ni por patriotismo. Todo se ha reducido a la esperanza de estar contigo." (Amor en la tarde, Lisa Kleypas).

"Querida Pru:
Estamos preparándonos para un largo asedio. No sé cuándo podré escribirte de nuevo. Esta no es mi última carta, sólo la última durante un tiempo. Ten por seguro que algún día volveré a tu lado.
Hasta que pueda abrazarte, estas palabras manidas y desmañadas son la única manera de llegar hasta ti. Pero son un pobre sustituto del amor. Las palabras nunca podrán hacerte justicia ni captar lo que significas para mí.
Aún así... Te quiero. Lo juro por esa estrella que todos llevamos dentro... Y no abandonaré este mundo hasta que hayas escuchado esas palabras de mis labios." (Amor en la tarde, Lisa Kleypas)


"Queridísimo Cristopher:
No puedo volver a escribirte.
No soy quien crees que soy.
Mi intención no era la de enviarte cartas de amor, pero en eso se han convertido. De camino hacia ti, mis palabras escritas se transforman en los latidos de mi corazón.
Vuelve, por favor, vuelve a casa y búscame." (Amor en la tarde, Lisa Kleypas).

jueves, 29 de marzo de 2012

Reseñas de 100 mini relatos de amor... y un deseo satisfecho.

Hoy he leído una nueva reseña de 100 mini relatos de amor... Y un deseo satisfecho. Lo cierto es que me hizo especial ilusión porque mencionan mi relato "No lo creía" (ya es la segunda vez que hablan de él en una crítica y aun no me creo que forme parte de esto, sobre todo porque tras escribir el relato y releerlo lo borré del PC convencida de que no valía nada). Pues eso, que leyendo la reseña me di cuenta de que un libro tan peculiar como este ha conseguido ya un montón de críticas, con lo difícil que eso es en un libro de mini relatos, hasta ahora todas positivas. Y no me extraña porque el libro es una maravilla. Así que aquí os dejo la recopilación de las críticas que he leído hasta el momento:

- Historias susurradas.










Y, por si queréis haceros con el libro:



                                       
                                                          

miércoles, 28 de marzo de 2012

El mito de Don Juan en la obra Juan de Mañara de los hermanos Machado.

Hoy, revisando el fondo de mi disco duro, me he encontrado con un trabajo que supuso un antes y un después en mi vida como estudiante. Aunque me dio algún disgusto, lo cierto es que todavía le tengo cariño, tanto por lo mucho que me gustó la obra como por el trabajo y el esfuerzo que me supuso realizarlo (sólo cuando buscas desesperadamente una obra que lleva años descatalogada en las librerías, sabes de primera mano lo que es la desesperación más absoluta u.u). Así pues, y dado que gira en torno a la figura de un personaje "clave" para la novela romántica, he decidido compartirlo en el blog. 





            Juan de Mañara (Manuel y Antonio Machado)

         1. Introducción.

 Juan de Mañara es una obra escrita por los hermanos Machado en 1927. Se estrenó en el teatro Reina Victoria de Madrid, el 17 de marzo de ese mismo año, consiguiendo un gran éxito.

La base sobre la que se inspiraron sus autores es la figura de Miguel de Mañara, hombre en torno al que gira una leyenda de seducción y perdición, similar a la de Don Juan, pero que, al encontrarse cara a cara con la muerte (hay diversas versiones para este encuentro, desde que se halló frente a la muerte, hasta que la hermosa mujer a la que perseguía, al quitarse la ropa, se convirtió en un esqueleto) se arrepintió de sus pecados y dedicó el resto de su vida a servir a los demás. Aunque son varias las teorías sobre este mito (hay quien, incluso, niega cualquier episodio escandaloso o “donjuanesco” en la vida de este sevillano), lo cierto es que el apellido Mañara acabó convirtiéndose en sinónimo de Don Juan.

         2. Resumen.


Juan de Mañara es un joven apuesto, de buena familia, acostumbrado a disfrutar sin control de los placeres de la vida y, sobre todo, de las mujeres. Sin embargo, la aparición en escena de Elvira, una antigua amante que, tras la relación mantenida con él, ha cambiado completamente, despertará su conciencia y le llevará a dar un giro radical a su vida.

Y es que esta mujer, en otro tiempo dulce y cálida, se ha convertido en un ser calculador, frío, cínico y desencantado, capaz de asesinar a su propio esposo sin sentir remordimiento alguno y sin que ni una sola lágrima asome a sus ojos. Don Juan, decidido a enmendar su error y devolverle todo aquello que le robó, no duda en abandonar su plácida vida y huir con ella.

         

3. Don Juan.


En  Juan de Mañara se produce una evolución del personaje de Don Juan que pasa por tres fases.

En el primer acto nos encontramos con el don Juan que conocemos, el seductor incorregible, capaz de animar a su propia prima a que abandone los hábitos y todo aquello en lo que cree por lo que quizá sea otro de sus caprichos. Sin embargo, ya desde este momento percibimos las grandes diferencias que se dan con respecto a sus antecesores.

En primer lugar, don Gonzalo, a pesar de seguir siendo el padre de la mujer burlada, se encuentra aquí unido a don Juan por lazos familiares ya que es su tío. Además, es un tío orgulloso de su sobrino, que presume de él y que no sólo no condena las acciones de Juan sino que, además, las comprende y las justifica, como podemos ver en su diálogo con doña Casilda en el que, cuando esta le pregunta si don Juan sigue detrás de Elvira, su antigua amante, ahora que se ha casado con otro, este le responde:

“No lo creo;
acaso ni la recuerda.
Juan es de mi casta, mi
sobrino por excelencia.
Su padre, mi primo, tuvo
un harén en la bodega
de su casa, y le decían:
Don Enrique, in vino veritas.”


Una diferencia fundamental con respecto a sus antepasados y, sobre todo, con respecto al drama fundacional, radica en que en esta ocasión don Juan no recurre a ningún disfraz ni a ninguna enrevesada estratagema para burlar a las mujeres.

Anteriormente, vimos como este personaje se disfrazaba, usurpaba el lugar de otros o hacía promesas que no estaba dispuesto a cumplir con tal de lograr lo que deseaba. Aquí no. Beatriz sabe perfectamente quién es su primo antes, incluso, de tenerlo cara a cara. Su fama le precede, los chismes sobre él se propagan y la tradición, con todas sus burlas anteriores, lo persigue.

No existe ningún catálogo de mujeres burladas, ni siquiera presenciamos más que la seducción de Beatriz. Lo que sabemos de sus conquistas lo sabemos por lo que los personajes nos cuentan y por lo que la tradición nos ha dicho. El conocimiento de esta tradición también es importante ya que el propio don Juan la conoce y parece actuar más por cumplir con ella que por voluntad propia. Juan de Mañara se comporta como un don Juan porque la tradición así se lo exige pero, en realidad, no presume de su conducta. De hecho, el mismo don Juan cuando confiesa sus conquistas deja claro que no es algo que él haya buscado.

“No queriendo, conseguí,
Beatriz, que se me quisiera.
Pero yo nunca he sentido
amor.”

Estamos, pues, ante un don Juan que está de vuelta de todo y al que persiguen las mujeres. En este caso, a diferencia de lo que habíamos visto anteriormente, son ellas las que lo quieren, aun cuando él no lo busca.

Sin embargo, la diferencia fundamental con respecto a sus predecesores radica en que nos encontramos aquí con un don Juan hastiado y atormentado, en lugar del don Juan burlón y cínico al que estamos acostumbrados.

“Beatriz. (En el mismo tono)
¿Dónde hay tormento mayor
que en querer sin ser querido?
Juan. ¿Dónde? En no poder amar.
¿Dónde? En no saber sentir;
en no darse, en no adorar,
en ver sufrir y gozar
sin gozar y sin sufrir.
En que se vaya el momento
que eterno ha podido ser,
dejando el labio sediento...
Y peor es no tener
sed. Ese sí que es tormento.”

Así pues, don Juan reconoce su incapacidad o dificultad para amar, para sentir lo que otros sienten, y el tormento que eso le produce. A diferencia de lo que sucedía en El burlador o el Don Giovanni en las que, a pesar de ser el protagonista, don Juan era el personaje al que menos conocíamos, del que menos sabíamos; en esta ocasión don Juan nos permite ver en su interior, conocer esa frustración y esa soledad en la que se encuentra.

Y es que, desde el principio, don Juan ha estado solo, aun cuando estaba rodeado.

Las mujeres o bien lo rechazaban por sus burlas, o bien lo querían por ese encanto, por ese inexplicable atractivo que hacía que ninguna pudiese resistirse a él. A lo largo de la tradición donjuanesca, nos hemos encontrado con mujeres burladas y enfadadas por la burla, con mujeres encaprichadas con el personaje, pero son pocas o, incluso, me atrevería a decir que ninguna, las que han amado a don Juan.

Su criado, ayudante y cómplice en sus burlas, permanece a su lado tan sólo porque esa es su función, por esa servidumbre que le debe, pero no por un aprecio real hacia su persona.

Su familia lo defiende, únicamente, por esos lazos de parentesco que los unen...

En realidad, todos aquellos que lo rodean lo condenan, aun cuando no es más que el reflejo de sus propios vicios. Esa frustración es, probablemente, lo que lo lleva a querer “acelerar su destino” (hay que tener en cuenta que, dado que don Juan es conocedor de la tradición, sabe que su destino es la muerte).

El momento más importante de esta primera parte es, sin duda, su encuentro con Elvira, pues será el que marque el final del seductor y el comienzo de la transición. Y es que cuando Elvira, en otro tiempo tierna y cariñosa, aparece ante él convertida en una mujer fría y cruel, don Juan se da cuenta por primera vez del alcance de sus actos. Él ha sido el que ha acabado con la mujer que conocía y la ha convertido en lo que es. Sin embargo, lo que verdaderamente le asusta es comprender que, en realidad, Elvira no es más que el reflejo de sí mismo. Eso es, en mi opinión, lo que lo lleva a seguirla, en un intento desesperado por redimirla y, al mismo tiempo, redimirse.

En esta ocasión, la salvación de don Juan vuelve a depender de una mujer, sólo que, esta vez, en lugar de ser el amor quien lo salve será el odio.

No obstante, y siempre desde mi punto de vista, la transformación de don Juan no es aquí donde se produce. Es cierto que, por primera vez, los remordimientos aparecen en él y lo impulsan a intentar reparar el daño. Pero también es cierto que Elvira sigue siendo una mujer. Una mujer que, tras su burla, se ha convertido en inalcanzable para él ya que ha perdido toda inocencia y credulidad, se ha convertido en una joven cínica y recelosa, lo que la hace prácticamente imposible de seducir. Elvira está escarmentada, no quiere saber nada de don Juan y eso es lo que lo impulsa, en gran parte, a seguirla.

Y es que, acostumbrado como está a conseguir siempre lo que desea de las mujeres sin esfuerzo, el rechazo de esta lo lleva a considerarla un reto. Don Juan desea conquistarla de nuevo, quizá porque se ha dado cuenta de que es importante para él o, quizá, simplemente, porque se ha convertido en inasequible. De hecho, es cuando ella le da a entender que lo que ocurrió entre ellos no fue tan importante para ella como él cree, cuando se decide a seguirla.

Juan. (Casi con espanto, haciendo una última
apelación a la conciencia y a los sentimientos
de Elvira)
¡Inaudito!
¿No te abrumara el recuerdo
de estas horas?
Elvira. (Con cínica lealtad)
Si te digo
la verdad, vas a gritar
de asombro.

Es, pues, aquí cuando se produce el inicio de la segunda etapa de don Juan que, en mi opinión y contrariamente a lo que opina el editor en sus anotaciones a la presente edición, podríamos considerar de transición (pienso que hay un capítulo completo de transición y no una transformación espontánea e injustificada del personaje, algo que se puede comprobar en la evolución de la personalidad de don Juan a lo largo de este episodio).

El personaje, dispuesto a redimir y reconquistar a Elvira, huye con ella a París preparado para vivir “su vida” (la de Elvira). El don Juan que nos encontramos ahora es un personaje pesimista, deprimido, frustrado pero, sobre todo, un individuo sumiso, que jura fidelidad a Elvira y pone a su disposición todo aquello que posee.
Esta actitud ha sido censurada por los críticos por considerar que ambos rasgos, la subordinación y la fidelidad, son rasgos totalmente antidonjuanescos. Como se nos dice en las anotaciones, muchos han defendido que es aquí donde se produce la desmitificación del mito. Don Juan ya no es un calavera, ha dejado atrás su vida de seductor y se ha convertido en un hombre sumiso.

Así mismo, al igual que en sus antecesores, don Juan es culpable de un asesinato. Es cierto que fue Elvira quien disparó la pistola pero fue él quien la convirtió en alguien capaz de hacerlo. Don Juan se hace responsable del delito y suma el asesinato a su lista de pecados.

“Mi nombre es ilustre. Nada
lo manchó aún; el proceso
de Sevilla no me encarta.
Cómplice y aun verdadero
autor de tu crimen, nadie
en mi pensó; ¡Oh jueces rectos!,
como siempre, es una cosa
la verdad y otra los hechos.”

No obstante, a pesar de todos sus esfuerzos y promesas, Elvira parece imposible de redimir. Ella no está dispuesta a dejarse embaucar de nuevo por don Juan, aun cuando sus intenciones sean buenas esta vez. Ella ha aceptado quien es, ha asumido su perdición, y actúa en consecuencia. Elvira es, ahora, donjuanesca y lo acepta, el que no se resigna es don Juan que sigue empeñado en salvarla a pesar de que no tiene muy claro el porqué.

“Tras ello,
vida, corazón, fortuna
y nombre, todo arriesgo.
¿Es esto amor, otro amor
distinto? ¿Arrepentimiento?
¿Asombro del mal causado?
¿Sed de conquista? ¿Despecho
de verte ajena y lejana
de mí? ¿Piedad del tremendo
dolor que ha secado en ti
toda ternura?... No puedo
explicarte bien lo que
para mi mismo es tan nuevo.”

La última fase, la conversión de don Juan en “santo”, se produce tras el apuñalamiento de Beatriz. Decidida a evitar que él se vaya con Elvira, su prima lo apuñala y don Juan ve la muerte de cerca. Aquí se produce la pérdida definitiva de sus rasgos donjuanescos. El hombre narcisista que conocíamos se convierte en un ser que se dedica por completo a los demás. Del egoísmo pasa a la generosidad más absoluta. Don Juan es un hombre de excesos, de extremos, y no se contenta con convertirse en un hombre normal para absolver sus pecados, tiene que convertirse en un santo. Esta entrega le llevará a descuidarse a sí mismo (algo impensable en el don Juan que conocemos), a olvidar su propia salud, en favor de los demás y eso será lo que le lleve a la muerte.

“Dª Casilda. Y no sólo
los socorre, sino alterna
con ellos y toma a pecho
sus enredos y miserias,
entre tanto que descuida
salud, familia y hacienda.”

         4. Beatriz y Elvira.


Beatriz y Elvira constituye los dos personajes femeninos principales. En realidad, constituyen un desdoblamiento del propio don Juan y, al final, cuando este está a punto de morir, se convertirán en una unidad.

“Elvira, Beatriz, os veo
juntas; las dos en la ola
de esta luz sois una sola.”

Beatriz es la inocencia, la bondad y la dulzura. Prima de don Juan, está, quizá, enamorada de él desde su infancia.

Tras la noche en la que don Juan la abandona, conocemos a la verdadera mujer que hay detrás de ese nombre. Una joven egoísta y ambiciosa pues, en realidad, lo que la lleva a perseguir a don Juan es el afán por conseguir aquello que otras han perseguido antes pero no han logrado poseer.

Tras el abandono de este, no duda en seguirlo, aun cuando eso suponga su perdición. A Beatriz no le importa arriesgar su reputación ni su buen nombre, lo único que desea es conseguir a don Juan, sea cual sea el precio que deba pagar.

A medida que avanza la obra, este personaje va adquiriendo rasgos donjuanescos que la convierten en una mujer celosa, manipuladora, capaz de mentir y difamar a Elvira ante don Juan (incluso después de saber que ella ha renunciado a él a pesar de que lo quiere) para salirse con la suya y conseguirlo.

La renuncia de Elvira contrasta con el egoísmo de Beatriz. Los celos de Beatriz son desmedidos, no está dispuesta a dejar a don Juan, aun cuando tenga que apuñalarlo para no perderlo. La “santa” deja de serlo y la mujer “perdida” se redime.

Elvira, por su parte, hace su aparición en escena con las manos “de sangre manchadas”. Ya en su primera aparición es una mujer perdida, condenada, por el asesinato de su marido. Ella representa la experiencia. Elvira conoce el poder de su belleza y no duda en utilizarlo. Es una mujer cuyos rasgos iniciales son donjuanescos. El cinismo y la crueldad, antes de don Juan, se encuentran ahora en el personaje de Elvira. Esta mujer es, a la vez, burladora y burlada. Don Juan la ha convertido en lo que es y quiere redimirla, pero ella se burla cruelmente de sus aspiraciones. Se considera perdida y no está dispuesta a dejarse embaucar por don Juan.

La evolución de este personaje va en sentido opuesto al de Beatriz. Beatriz torna de santa a pecadora mientras que Elvira evoluciona hacia la salvación.
Es ella la causante del cambio de don Juan, aun cuando no lo ha buscado.

“Elvira mató el orgullo
que busca en la amada bella
espejo que lo retrate.
Narciso en la fuente seca
es más triste que Caín
errante sobre la tierra,
y más humilde.”

Sin embargo, a pesar de lo que proclama ante don Juan, no es quien dice ser. En un corto monólogo, Elvira confiesa al público que el personaje que aparenta ser ante don Juan es “apócrifo”, que mentía, en un intento de igualarse a él. Elvira sigue queriendo a don Juan y eso es lo que la lleva a renunciar a él y dejarle el camino libre a Beatriz. La culminación de su transformación se produce en el último acto en el que acude a acompañar a don Juan en el momento de su muerte. En realidad, su aparición representa la muerte de don Juan. Elvira sigue con Juan aun después de que este muera.

“Ya no está aquí.
Paso. Sigo su huella.”

Mientras que Beatriz no está dispuesta a dejarlo ir ahora que lo ha conseguido. Para ella, don Juan es una posesión que no está dispuesta a perder.

“¡Sí!
¡No me lo arrebatarán:
esta aquí; no, no se ha ido!
Soy yo, Juan. Está dormido...”

         5. El ambiente.


La acción en Juan de Mañara sucede a caballo entre Sevilla y París. Estos dos lugares suponen polos opuestos. Sevilla, cuna de don Juan, supone el entorno en el que este lleva a cabo sus conquistas. En ella, don Juan es el “cazador” (gran simbolismo en la primera aparición del personaje, vestido de cazador). Sin embargo, al final de la obra, también será el lugar en el que se redima.

París, presente debido a la influencia del Modernismo[1], supone la ciudad de transición para don Juan. Ahí es a donde huye con Elvira, ya no como seductor sino como sumiso.

“Esteban. Y las prendas
trocaste de cazador
por otras.”

Así mismo, es aquí donde el don Juan anterior “muere” a manos de Beatriz.

         6. Conclusión.


Juan de Mañara no es una obra innovadora dentro de la tradición donjuanesca. Valiéndose de la figura de Miguel de Mañara, los hermanos Machado reforman al don Juan conocido, llevándolo hacia el extremo opuesto.

De la perdición absoluta pasa a la santidad. Don Juan desaparece y deja paso a una figura totalmente antidonjuanesca.

                            




[1]    Cabe mencionar que en la obra existen varios elementos que remiten a las corrientes literarias del momento. París está presente por influencia del Modernismo; los recuerdos de la infancia en un ambiente campesino, así como la noche de dolor de Beatriz que la cambia para siempre, son una clara muestra de la influencia romántica...

martes, 27 de marzo de 2012

Rima XLI

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!

                           

Rima XLVIII

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
¡aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía
la voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aun para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

(Gustavo Adolfo Bécquer)

Rima XLIV

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿a qué fingir el labio
risas que se desmienten en los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira
Ya ves: yo soy un hombre... ¡y también lloro!

(Gustavo Adolfo Bécquer)

XC

¿No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.

(Gustavo Adolfo Bécquer)


miércoles, 21 de marzo de 2012

Día mundial de la poesía.

Bueno, hoy es el día mundial de la poesía así que, para conmemorarlo, os dejo esta nueva entrada en el blog. Por supuesto, siendo uno de mis poetas favoritos del mundo mundial, el poema que os dejo no podía ser de otro que no fuera Gustavo Adolfo Bécquer. Espero que os guste.


Senda flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.

Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul.

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento.

Del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.


¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

                                     

lunes, 12 de marzo de 2012

El beso de la noche (Sherrilyn Kenyon).

                                                             

“Un hombre traicionado.

Hace siglos, se convirtió en inmortal cuando fue engañado por una cazadora oscura con la que mantuvo una breve aventura. Con la ayuda de su amante, el dios nórdico Loki, Morginne intercambió sus almas sin que él lo supiera, y Wulf Tryggvason se convirtió en un cazador oscuro al servicio de Artemisa, mientras que ella se convertía en humana. No contenta con eso, Moriginne también le lanzó una maldición, la cual puede resultar muy útil, aunque sumamente irritante: la amnesia. Nadie (excepto los otros cazadores y sus descendientes directos) recuerda a Wulf, incluso si te topas con él, a los cinco minutos se te habrá olvidado por completo que alguna vez le conociste. Este hecho es bastante satisfactorio si lo que estás buscando es un revolcón de una sola noche, pero hace muy complicado el poder mantener una relación estable, y sin el verdadero amor jamás podrá recuperar su alma.

Mil años después de su maldición, Wulf por fin se topa con una persona que puede recordarle, pero… ¡Maldición! Es una especie de princesa de la raza a la que él ha jurado perseguir y dar caza, los apolitas y, por lo tanto, esta mujer está prohibida para él.

Una mujer a las puertas de la muerte.

Cassandra Peters es mitad humana y mitad apolita, una raza condenada a muerte por el dios Apolo al cumplir los veintisiete años, a menos que maten a un humano y le roben el alma, convirtiéndose así en daimons. Ahora, a sólo ocho meses de su veintisiete cumpleaños, ella sabe que su tiempo se agota. Y, por si fuera poco, existe una antigua leyenda en la que se dice que cuando el último descendiente de Apolo muera la maldición sobre los apolitas cesará, y resulta que Cassandra es esa última descendiente, con lo cual muchos apolitas y daimons quieren matarla. Sin embargo, la verdad es mucho peor, y es que muchos no saben que si Cassandra muere, también lo hará el sol.

Una noche, Wulf acude en su rescate. Y, por primera vez, Cassandra conoce a un hombre que le hace desear todo aquello que no puede tener… amar a alguien y ser amada a su vez, y envejecer al lado de esa persona.

Juntos deberán enfrentarse a maldiciones, profecías, y la directa intromisión de los dioses griegos para encontrar la verdadera felicidad de una vez por todas.” (Sinopsis extraída de Autoras en la Sombra).

El beso de la noche supone la séptima entrega de la exitosa serie Dark Hunter, de Sherrilyn Kenyon. En ella nos encontramos con Wulf, el vikingo al que ya conocíamos de entregas anteriores, y con Cassandra, una mujer condenada a morir.

Wulf es un hombre maldito. Literalmente. No contenta con intercambiar sus almas y condenarlo a ser un Cazador Oscuro para el resto de la eternidad sin ni siquiera la satisfacción que le otorgaría la venganza, le dejó un último regalo de muy mal gusto: nadie, salvo los demás cazadores y sus descendientes directos, lo recordaría después de cinco minutos. Es por eso que Wulf se pasa la vida presentándose a personas que lo conocen desde hace años. Es por eso que el cazador no puede establecer ninguna relación con nadie. Su única familia es Chris, a quien ha protegido celosamente desde el día de su nacimiento. Es su último descendiente y, por tanto, su última posibilidad de ser recordado. Si Chris muere sin descendencia, Wulf se verá condenado a la soledad absoluta.

Así pues, cuando aquella noche rescata a Cassandra de los daimons sabe que en unos minutos ella lo olvidará completamente. A él y al apasionado beso con el que se despidieron. Lo que no espera es que, tras eso, ella se cuele en sus sueños noche tras noche. Y, desde luego, no espera que ella lo busque. Es imposible que lo recuerde. A no ser que…

En cuanto Wulf descubre quién es ella, monta en cólera. Esa mujer pertenece a la raza que él debe perseguir y exterminar. Por eso no duda en alejarse de ella, aun cuando esa mujer le hace sentir cosas que jamás había sentido antes. Aun cuando ella sea la única con la que podría mantener una relación de verdad ya que lo recuerda perfectamente. Y entonces Acheron, el misterioso jefe de los cazadores oscuros, lo llama y le encomienda la misión más desconcertante y peligrosa de su vida. Debe proteger a Cassandra, incluso con su propia vida.

Cassandra sabe que va a morir. Lo ha sabido desde siempre. Por eso se ha negado a establecer ninguna relación sentimental. No desea que nadie sufra por ella cuando se vaya. No quiere dejar hijos que apenas recuerden quién era su madre. Como le sucedió a ella. Pero, entonces, ocho meses antes de su veintisiete cumpleaños, lo conoce a él. Al vikingo extremadamente atractivo que acelera su pulso y eriza su piel. Al hombre que le hace desear algo que sabe que no podrá tener: más tiempo. Cassandra sabe que cualquier relación con él será un desastre. Ella lo amará y deseará envejecer a su lado. Algo que no podrá tener jamás. Salvo que robe un alma humana y se convierta en daimon. Y, en ese caso, él deberá matarla.

El beso de la noche reúne las características de las mejores novelas de la serie: unos protagonistas intensos, un argumento interesante, el irónico sentido del humor de la autora y una sobrecogedora historia de amor.

A los personajes los conocemos de entregas anteriores. Kyrian, Julian, Acheron, Zarek, Talon y compañía no son nada nuevo para los fervientes seguidores de la serie. Y siguen siendo los mismos. Contrariamente a lo que sucede en algunas series, estos personajes no sufren modificaciones de carácter entrega a entrega. Zarek sigue siendo el mismo borde de siempre, aunque por petición expresa de Astrid está tratando de hacer amigos. Ash sigue siendo el tipo misterioso que nos enamoraba en la primera entrega de la saga. Kyrian y su humor, Wulf y su autoritarismo, Talon y su pasión por las mujeres, Artemisa y su egoísmo, todos siguen ahí, iguales y, al mismo tiempo, evolucionados. Un poco menos misteriosos, tal vez, por llevar ya un tiempo con nosotros, algunos más familiares o reformados, pero siguen siendo los mismos y seguimos sintiéndolos como personas “reales”. Esa es una de las cosas que más me gustan de la autora. Aun cuando haya creado una saga aparentemente interminable (y eso sí que no me gusta), todos sus personajes están tan bien delineados, tan bien trabajados, que cuando termino una de sus novelas no me extrañaría salir a la calle y cruzarme con ellos.

Lo cierto es que El beso de la noche me ha gustado mucho, tanto que creo que se ha convertido en una de mis favoritas de la serie. La historia entre los protagonistas es preciosa.

Wulf tiene frente así todo aquello que desprecia y que ha combatido toda su vida. Pero, de repente, comprende que las cosas no son blancas ni negras. Los apolitas y los daimons, que hasta entonces habían sido seres anónimos para él, se convierten en personas, con nombres y apellidos, con hijos, profesiones, sueños y sentimientos. Personas condenadas a morir a los veintisiete años, dejando su vida a medio hacer. Él, que siempre había odiado a aquella especie, debe enfrentarse a la posibilidad de perder a personas que aprecia, de perder a Cassandra, por culpa de una maldición.  

Y Cassandra también debe enfrentarse a sus propias creencias, a sus propios prejuicios. Durante toda su vida le han dicho que los cazadores oscuros son asesinos, hombres que persiguen y exterminan a su especie. Mas, de la noche a la mañana, uno de ellos se convierte en su protector, en lo único que le separa de la muerte. También ella descubre que las cosas no siempre son tan taxativas como parecen.

En definitiva, una de esas novelas que vale la pena leer… 

¡Muchas veces!

Antes de cerrar esta crítica me gustaría mencionar a un personaje, alguien a quien ya conocía, pero que en esta entrega se ha ganado mi devoción absoluta. Alguien cuya novela esperaré ansiosa. Su nombre es Urian. Y es un daimon. Sí, sí, uno de los malos. Pero a lo largo de esta novela hace méritos para convertirse en uno de esos personajes que arrancan suspiros allá por donde pasan.

Le doy un 9,5.

domingo, 11 de marzo de 2012

Hermanas Banning 3. Corazón negro (Karen Robards)

                                

En la Inglaterra de la Regencia, una hermosa joven ve trastocada su vida cuando un apuesto canalla se cruza en su camino.

Lady Elizabeth, la más joven y terca de las tres hermanas Banning, provoca un escándalo cada vez que rompe un compromiso. La sociedad bienpensante la considera una descarada, pero es el temor a que un hombre sea su dueño lo que ha hecho de ella una rompecorazones.
Neil Severin, un apuesto canalla con el corazón tan negro como su reputación, es un asesino a sueldo del gobierno que ahora ha caído en desgracia. Su último objetivo era un caballero muy querido por Beth, y ella ha frustrado sus planes. Neil se promete a sí mismo utilizarla para sus propósitos, pero entonces las circunstancias los convierten en inesperados compañeros de aventuras…”

Corazón negro supone la tercera entrega de la serie de las hermanas Banning de Karen Robards. En ella nos encontramos con Beth, la más terca y escandalosa de las hermanas, y con Neil, un sicario sin conciencia.

A lo largo de la serie, Beth ha demostrado que es, sin duda, la más obstinada y distante de las hermanas. Condicionada por el carácter violento de su progenitor, su personalidad ha quedado marcada por los dolorosos episodios de su infancia. Y es que, aunque no era más que una niña, Beth recuerda perfectamente la agresividad de su padre, las obscenidades que tuvieron lugar en su casa y las atrocidades que las rodearon cuando eran niñas. No es de extrañar, pues, que todas esas vivencias, todos esos recuerdos, conscientes e inconscientes, hayan condicionado su carácter y la hayan convertido en la mujer que es. Una dama incapaz de mantener un compromiso perfectamente ventajoso. Una joven con pánico a la intimidad conyugal.  Una chica que se ha ganado a pulso la reputación de casquivana.

Pero, a pesar de todo, ha logrado mantener su sitio en la alta sociedad. Aunque la consideren escandalosa la siguen aceptando en los principales salones de Londres. Al menos hasta esa noche.
Cuando, incapaz de mantener su compromiso con el conde de Rosen, le comunica su decisión de anularlo, su vida está a punto de irse al garete. Y es que al conde no le sienta bien el rechazo. A punto de ser violada por el noble en casa de su propio cuñado, Beth se ve en la obligación de defenderse…

Dejando inconsciente al hombre con el atizador de la chimenea.

Su reacción es comprensible, por supuesto, al fin y al cabo él pretendía comprometerla hasta el punto de hacer irrevocable su compromiso. No obstante, Beth sabe que la sociedad no lo verá así y que su reputación no soportará un golpe como ese. Debe deshacerse del cuerpo del conde mientras todavía está inconsciente. Debe…

¡Un momento!

¿Qué es eso que se asoma tras las cortinas?

Una bota…

Una pierna…

Un hombre extremadamente apuesto con los ojos y la expresión más oscura que ella haya visto nunca.

¿Qué ha de hacer una dama en esas circunstancias?

La respuesta es evidente. Pedirá a ese desconocido que la ayude a deshacerse de William.
Neil no sabe bien qué hacer. Se había colado en la casa del duque con una única cosa en mente: matarlo. No obstante, nada más entrar se había encontrado ante aquella desconcertante escena. Una joven y pequeña dama a punto de ser violada. Un hombre grande y furioso y dispuesto a destrozar la reputación de la dama. Cualquiera que pudiese apostar en aquel momento, hubiese apostado toda su fortuna por el conde. Y la hubiera perdido.

Aquella mujer tenía belleza, tenía carácter, tenía fuerza. Lástima que, ahora que lo había visto, tuviera que matarla. Mas cuando ella lo mira con aquellos ojos llenos de inocencia y, en lugar de asustarse como haría cualquier dama normal, le pide ayuda, el sicario se da cuenta de que tiene un problema. Un problema muy grave. Durante todos sus años al servicio del Gobierno no había dudado jamás a la hora de cumplir con sus obligaciones. Nunca le había temblado la mano a la hora de sesgar una vida. Hasta ese instante. Por algún motivo, los minutos que ha pasado en compañía de la joven han sido los mejores de su negra vida. Ella ha aportado un poco de luz a su existencia. Y él, sencillamente, no puede apagarla. Aunque eso no quiere decir que vaya a renunciar a sus propósitos de matar al duque. La utilizará para llegar a él. La secuestrará y…

De la noche a la mañana, el peligroso sicario ve como aquella alocada y dulce dama pone su existencia y su propia mente patas arriba.

Como ya he dicho en una crítica anterior, para mí hay dos Karen Robards: la de Pasión en la isla (novela que odio) y esta. La autora de la serie de las hermanas Banning pertenece a mi particular club vip de escritoras de romántica, ese club en el que reúno a todas aquellas autoras cuyos libros no me perdería por nada del mundo, cuyas novelas recomiendo hasta la saciedad.

Corazón negro es una novela intensa, con momentos tiernos y otros más duros, con diálogos agudos, apasionados. No obstante, lo mejor son, sin duda, los personajes.

Al igual que sucedía con las entregas anteriores, los personajes están muy bien delineados, perfectamente definidos. Y son unos personajes que enganchan. Beth es alegre, fuerte, inteligente. Neil es oscuro, distante, frío. Y entre ellos saltan chispas. Desde el primer momento, desde ese surrealista primer encuentro, ambos se sienten atraídos. Pero no con esa atracción definida en el foro de Autoras en la Sombra como “te veo y no meo”. Lo de ellos no es un flechazo. Sencillamente, ese encuentro es desconcertante para ambos, supone una sorpresa tal que ninguno de los dos puede olvidarlo.

La historia de amor, sin embargo, se desarrolla paso a paso, encuentro a encuentro, diálogo a diálogo. La atracción que Beth siente por Neil es comprensible. La que Neil siente por Beth es necesaria. NECESARIA. Así, con mayúsculas. A lo largo de las páginas de la novela vamos conociendo al hombre, las circunstancias por las que ha pasado y los motivos que lo han convertido en quien es. Y se hace más que evidente por qué necesita a Beth.

El único punto débil, en mi opinión, que tiene la novela es que deja algún que otro frente abierto al final de la misma. La autora no cierra completamente la trama y al lector le queda la sensación de que la historia no ha concluido totalmente. Aún así, una novela maravillosa.

Le doy un 8,5.

martes, 6 de marzo de 2012

Goddess of the hunt (Tessa Dare)

                                               

“Siempre audaz y aventurera, Lucy Waltham ha decidido ir a la caza de un marido. Pero primero necesita algo de práctica. Así que se fija en el mejor amigo de su hermano, Jeremy Trescott, conde de Kendall, para perfeccionar con él sus artimañas de seducción, antes de colocar su mira en otro hombre. Pero su práctica de besos desata una pasión ardiente que podría hacer humo todos sus planes.
Jeremy tiene un título influyente, una gran fortuna, y un pasado doloroso lleno de secretos enterrados. Se mantiene a una distancia segura de sus propias emociones, pero para distraer a Lucy de su plan insensato, dará rienda suelta a sus pasiones. Su sensual batalla de voluntades es tan desesperante como deliciosa, pero cuánto más logra dominar a la joven obstinada y tentadora, más cerca está Jeremy de perder el control. Cuando estalle el escándalo, ¿podrá resignarse a dejar a Lucy arruinada? ¿O será capaz de arriesgar su corazón, y reclamarla como suya?”
Goddess of the hunt supone la primera entrega de la serie “The Wanton Dairymaid” de Tessa Dare. En ella se nos cuenta la historia de Lucy, una joven alocada, y Jeremy, un conde extremadamente serio y responsable.
Lucy se ha criado en Waltham Manor, bajo la tutela de su negligente hermano. Acostumbrada a cazar, pescar y cabalgar junto a su hermano Henry y sus amigos, comportarse como una dama no ha entrado nunca en sus planes. No ha sido presentada en sociedad ni conoce nada más que aquellas tierras. Pero tampoco lo necesita. Siempre ha estado enamorada de Toby y sabe que algún día se casará con él. Otoño tras otoño, los amigos se reúnen en Walthan Manor y Lucy pasa las horas al lado de Toby, mientras este la halaga y la divierte. Y eso es lo que lo hace diferente. Toby le presta atención, la mira de verdad, no como todos los demás. No como ese insoportable conde de Kendal, siempre tan serio, frío y sensato. Siempre tan diferente a ella.
Pero ese otoño ha resultado diferente. Los chicos no han venido solos. Han traído compañía femenina. Damas. Nada menos. Una de ella es un ángel. Así es como todos ellos la ven. Un ángel que se va a casar con Toby.
¡Con Toby!
Por supuesto, Lucy no puede permitirlo. Debe impedir esa boda. Pero ella no es un ángel. Ni siquiera sabe comportarse como una dama. Así que, lo único que le queda, es utilizar la más sucia de las estratagemas para boicotear el enlace. Lo único que le queda es seducir al hombre que ha ocupado sus sueños durante los últimos diez años. No obstante, dado que no tiene ni idea de cómo hacer semejante cosa, es necesario que practique. Mas, ¿con quién?
La respuesta acude rápidamente a su mente. Con Jeremy. Es el único de los chicos disponible. Es el hombre al que más le gusta fastidiar en el mundo.
Cuando Jeremy Trescott abre la puerta de su alcoba y se encuentra cara a cara con una Lucy en bata no se puede ni imaginar lo que se le viene encima. Cuando ella lo abraza sólo puede retroceder, confuso. Pero es cuando ella lo besa cuando el conde descubre que el mundo está a punto de acabarse.
¿Qué demonios hace aquella cría?
Sin embargo, en cuanto siente sus curvas apretándose contra él se da cuenta de que la época en la que Lucy Waltham podía considerarse una niña pasó hace mucho. Ahora es una mujer. Una mujer llena de curvas, cuyos besos son…
Un completo desastre.
Jeremy duda que nadie haya besado jamás tan mal como lo hace Lucy. No tiene ni idea. Aunque ella no deja de sorprenderlo. Ha leído un libro, dice. Sin querer ni imaginarse qué tipo de libro será ese, la preocupación más inmediata es cómo echar a esa mujer de su habitación y mantenerla alejada de Toby, de paso. La echará. En cuanto le enseñe a besar correctamente.
De la noche a la mañana, Jeremy se ve condenado a entretener a la hermana de su mejor amigo. Sus amigos consideran que es lo mejor para mantenerla alejada de Toby y que este pueda formalizar su compromiso. Lucy considera que es el mejor modo de poner celoso a Toby y que se olvide del “ángel”. Y Jeremy no considera nada. No porque no quiera considerarlo, sino, simplemente, porque no puede. Después de un par de besos, un par de miradas y una tarde sujetando cintas de colores y cargando con bolsas de compras femeninas, se da cuenta de que él, el razonable, frío y distante conde de Kendal, ha perdido completamente su capacidad de razonar. Lucy lo abruma, lo exaspera y lo excita. Pero ella quiere a otro y eso es algo que parece que no va a cambiar.
Goddess of the hunt ha sido la novela con la que he conocido a Tessa Dare. Tras encontrarme por casualidad con el nombre de esta autora junto al de Lisa Kleypas, pensé: “tengo que leerla”. Y así lo hice. Y he de decir que me alegro tremendamente. Me ha gustado mucho la novela. Me han gustado los personajes y me ha gustado el estilo.
El argumento no es nada novedoso y, a la vez, tiene sus originalidades. Los salones de Londres sólo aparecen en conversaciones, las damas no son tan damas como parecen y la protagonista femenina prefiere montar a horcajadas que bailar el vals. Ella es la que lleva la iniciativa y él el que es arrastrado a una vorágine de deseo que nunca creyó poder sentir. No por ella, una niña que se ha criado entre ellos, como uno más. No con ella, la hermana de su mejor amigo.
Los personajes están bien delineados. Conocemos los sentimientos y forma de pensar de los protagonistas. Sabemos por qué actúan como actúan. Jeremy engancha. Es uno de esos personajes masculinos que enamoran, con su carácter distante y almidonado, con su comportamiento, a veces desquiciante, a veces extremadamente tierno. Aunque siempre ha visto a Lucy como una molestia, ha velado por su seguridad. Ha cuidado de ella, para que no se metiese en problemas. En el fondo, siempre ha sentido cariño por la joven. Algo que, evidentemente, no va a reconocer en voz alta.
Lucy, por su parte, tiene sus momentos un poco patéticos. No es que no sea un personaje interesante, sino que es una niña y, a veces, se comporta como tal. Tan enamorada como se cree de Toby, no duda en hacer el ridículo. Una y otra vez. Su comportamiento no resulta desquiciante ni nada parecido, sencillamente, en ocasiones, resulta un tanto patético. Pero también es una mujer fuerte, decidida y audaz, capaz de hacer cualquier cosa por amor.
El estilo de la autora es ágil, sencillo, bastante desenfadado. Con momentos divertidos, los diálogos son ingeniosos y entretenidos.
En definitiva, Tessa Dare ha supuesto para mí una muy grata sorpresa y esta novela es, sin duda, recomendable. Le doy un 8,5.