"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

viernes, 5 de octubre de 2012

Serie Knight 5. Enamorada del diablo (Gaelen Foley)





El rebelde y libertino Devlin Kimball está a punto de entrar en el círculo más disoluto de la alta sociedad londinense. Es el último peldaño de una venganza largamente soñada, pero una carta de la dama de compañía de su tía le obliga a aplazar por el momento sus planes.
En su nuevo empleo con la vizcondesa viuda de Strathmore, Lizzie Carlisle ha logrado poner distancia entre ella y lord Alec Knight, el hombre de quien siempre ha estado enamorada y al que todavía no ha podido olvidar. Hasta que Devlin entra en su vida…


Enamorada del diablo constituye la quinta entrega de la exitosa serie Knight de la reconocida autora de novela romántica, Gaelen Foley. En ella nos encontramos con Lizzie, una joven a la que hemos ido conociendo a lo largo de la saga, y con Devlin, un misterioso y apuesto caballero del que, hasta el momento, no sabíamos nada pero que, como comprobaremos a lo largo del libro, tiene cierta relación con la familia Knight.

Lizzie Carlisle se considera una solterona. No porque sea una mujer vieja, por el contrario, es una dama joven y hermosa, sino porque, simplemente, se siente así: vieja, sola, acabada. Enamorada desde siempre del libertino y encantador Alec Knight, se ha pasado la vida tratando de conquistarlo. Para ello se convirtió en su amiga, en su paño de lágrimas, en su criada y en su bote salvavidas. Para ello dejó de ser ella misma y se convirtió en la sombra de su amado. No se dio cuenta, entonces, de que uno se acostumbra tanto a su sombra que deja de reparar en ella. Y Alec Knight, un hombre acostumbrado a que las mujeres se desmallen a su paso, no es una excepción. Para él, Lizzie se ha convertido en una constante de su existencia, en alguien que está ahí cuando la necesita, sin que ni siquiera tenga que llamarla. Exactamente igual que un mueble o un caballo.
Mas toda obsesión tiene un final y cuando Alec alcanza la cumbre de su depravación, Lizzie dice “basta”. Cansada, hundida y desencantada, decide comenzar a vivir. Sí, sí, comenzar a vivir, porque, hasta el momento se había limitado a existir, apoyándose en una familia que no era suya y en un amor en el que ya no cree. Así, la intelectual y discreta Lizzie Carlisle se convierte en la dama de compañía de la vizcondesa de Strathmore y se encuentra, cara a cara, con el diablo: el depravado, conflictivo y condenadamente apuesto Devlin Kimball.

Dev está muerto. No literalmente hablado, evidentemente, pues respira, camina, habla y realiza esas acciones básicas que todo ser humano vivo lleva a cabo. Pero, tras un traumático suceso vivido cuando no era más que un adolescente, perdió el alma y todo el mundo sabe que, un hombre sin alma, es un hombre muerto. Aun así, a pesar de que casi todo le es indiferente, hay algo que lo ha obligado a seguir adelante: la venganza. Desde aquella noche, ya tan lejana, en una posada que su familia jamás debería haber pisado, Devlin tiene una misión. Una misión por la que está dispuesto a cualquier cosa. Una misión que, espera, le proporcione la paz que necesita. Lamentablemente, la venganza no suele traer consigo la paz que uno desea.

La aparición de una serie tan exitosa como la de los hermanos Knight tiene sus pros y sus contras, tanto para la autora en cuestión como para sus lectores. Por un lado, puede servir para lanzar a una escritora al estrellato de las autoras de novela romántica y hacer que los lectores se muerdan las uñas esperando por la siguiente entrega de la misma. Por otro, puede generar unas expectativas tan altas que resulten realmente difíciles de alcanzar para cualquier autor y que acaben por defraudar, en algún momento, a los fieles seguidores de la saga. Esto fue lo que, al parecer, le sucedió a mucha gente con la serie que nos ocupa, pues, tras aquellos inolvidables Seductora inocencia, Corazón de fuego y Corazón de hielo, llegó Deseos prohibidos y, a muchos, les supuso un chasco. Es comprensible. Las tres primeras entregas de la serie se merecen, en mi opinión, una Matrícula de Honor. No ocurre lo mismo, sin embargo, con las demás.

No obstante, a pesar de que no creo que ninguna de las demás novelas esté a la altura de esas tres, lo cierto es que no me he sentido realmente decepcionada con ninguna de ellas. En ningún momento me arrepentí del dinero invertido y eso supone, al menos para mí, la diferencia entre una novela que no me gusta tanto como otra y una novela que me decepciona. Cuando me siento decepcionada pienso en cuánto me gustaría recuperar mi dinero y devolver el libro a la estantería correspondiente de la librería. Cuando una novela me gusta un poco menos que otra, simplemente, pienso en cómo podría mejorarse y la coloco en un lugar menos privilegiado de mi estantería particular.

Ahí está Deseos prohibidos, aun cuando fue una novela que me gustó. Ahí está, tal vez un poco más arriba, Enamorada del diablo. Porque ambas, a pesar de las críticas, me han parecido estupendas pero acomplejadas por el éxito de sus hermanas mayores.
En Enamorada del diablo nos encontramos con una novela emocionante, con tanta o más acción que las entregas de los gemelos; con unos personajes consistentes, interesantes, apasionantes; con un argumento que engancha y con una historia de amor que, al menos en mi caso, resulta inolvidable.

Probablemente no sería la única que, cuando comenzó la serie, pensó que Lizzie acabaría con Alec. Entrega tras entrega, éramos testigos de la devoción de la chica por el más joven de los Knight y deseábamos que él abriera los ojos y se diera cuenta de que ella estaba allí y valía más que todas esas mujeres de moral distraída que lo rodeaban. Entrega tras entrega, sufríamos con Lizzie los desengaños, los desencuentros y las decepciones que él le daba. Y, aun así, parecía lógico, aunque injusto, que acabaran juntos. Porque ella lo quería y haría cualquier cosa por él. Porque él debía darse cuenta de que ninguna otra lo querría nunca con la misma intensidad que lo hacía ella. Pero, entonces, llega esta entrega y nos damos cuenta –al menos en mi caso- de que Gaelen Foley es una autora de sobresaliente porque ella se dio cuenta de algo en lo que yo no había reparado: Alec no es suficiente para Lizzie. Ella se merece a alguien que la quiera sólo a ella, alguien dispuesto a cualquier cosa por ella. Lizzie se merece a alguien por quien no tenga que arrastrarse o con quien no tenga que tomar siempre la iniciativa. Se merece a alguien que la ame con la misma intensidad con la que ella lo hace. Y ese no es Alec, para quien ella sólo sería la opción más cómoda, la dulce chica con la que sabe que siempre podrá contar. Ese no es Alec, desde luego, porque todavía no ha crecido lo suficiente, psicológicamente hablando, para establecer una relación de verdad.
Y así es como Devlin se abre un hueco en esta familia y se gana el afecto del lector. Porque él sí ha vivido lo suficiente como para apreciar a alguien como Lizzie. Porque él sí ha crecido lo suficiente como para tener claro lo que siente y por quién lo siente.

Pero los fantasmas del pasado siguen acechando y Dev y Lizzie se verán envueltos en una trama de la que, tal vez, no logren salir vivos.

Sin duda, una novela que merece la pena leer. Aunque no le doy el 10 de las primeras entregas, para mí es digna merecedora del sobresaliente. Nota: 9. 


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