"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

sábado, 3 de marzo de 2012

Serie Hermanas Banning 2. Irresistible (Karen Robards).

Claire Banning cumple los sueños de toda debutante cuando se casa con un rico aristócrata. Sin embargo, no tarda en darse cuenta de que se ha casado con una comadreja viciosa. Amargamente herida y desesperadamente sola, Claire jura, no obstante, ocupar su lugar en sociedad. Entonces en un viaje regreso a la finca de su esposo en la costa de Sussex, es raptada, y su vida y su corazón cambiarán para siempre.
Hugh Battancourt, un oscuro y peligroso aristócrata, que mucho tiempo atrás volvió la espalda a la sociedad y ahora lleva una vida secreta dedicada al servicio de su país, está decidido a no dejarse influenciar por la belleza de su prisionera mientras comparten un camarote en un barco con rumbo a Francia. Hay vidas que depende de que recupere una carta repleta de secretos que obra en poder de Claire y que ella pretende entregar al enemigo.
Pero aun cuando Claire y Hugh se enzarzan en una batalla de voluntades e ingenio, captor y cautiva se sienten atraídos irresistiblemente por el otro. Claire se pregunta si le será posible descubrir el verdadero significado del amor que la ha esquivado con este apuesto desconocido… Desconocido que arriesgará su vida para protegerla de alguien que intenta poner a Claire en peligro…”
Irresistible supone la segunda entrega de la serie de las Hermanas Banning de la controvertida autora de novela romántica, Karen Robards. En ella nos encontramos con Claire, la más hermosas de las hermanas, y con Hugh, un hombre misterioso inmerso en una peligrosa misión.
Claire, a la que ya conocíamos de la entrega anterior, es una mujer dulce, demasiado bonita para su propio bien. Cansada de las atenciones de sus ruidosos y, a veces, agresivos pretendientes y demasiado condicionada por el carácter violento de su fallecido padre, no duda en aceptar a David Lynes. Al fin y al cabo, parece un hombre dulce y amable, incapaz de pegarle a una mujer. Y es apuesto. Muy apuesto, de hecho. Es, pues, comprensible que la joven se enamore de él. O, al menos, que se crea enamorada. Lamentablemente, Claire no tarda en descubrir que el viejo dicho de que “las apariencias engañan” es completamente cierto. David no tarda en demostrarle quién es realmente. Un hombre egoísta. Un individuo desagradable. Un tipo malvado y perezoso. Pero Claire está dispuesta a respetar los votos que ha hecho ante Dios. Resignada a pasar el resto de su vida al lado de un hombre que no la ama, decide que, al menos, ocupará el lugar que le corresponde en sociedad. Hasta que se ve arrastrada a una peligrosa situación que jamás hubiera imaginado: sin ningún motivo se ve secuestrada y arrastrada a otro país junto a un hombre que le hace desear cosas que pensó que ya se había resignado a no tener.
Hugh Battancourt tiene una misión que cumplir. Oficial del Departamento de Defensa Británico, su último encargo es dar caza y acabar con una peligrosa espía que posee información confidencial que no dudará en pasar a los franceses. Cazarla y hacerla desaparecer. Las órdenes son claras. Lo que no está tan claro es por qué demonios le encomendaron a él esa misión. Él no ha hecho daño a una mujer jamás. Ni siquiera a una espía. Pero hará lo que tenga que hacer. Al menos eso cree hasta que aquella belleza que no es más que una niña aparece ante él con sus ojos dorados y su cabello enmarañado. De repente, Hugh se da cuenta de que, tal vez, no es tan infalible como había creído. Y es que ante aquella mujer el efectivo espía olvida por completo su misión y pierde, incluso, su capacidad de razonar. Así pues, sólo le queda rezar porque ella sea, realmente, quien dice ser. Porque si la joven que se ha colado en sus pensamientos es la espía a la que debía dar caza está perdido.
Junto a los dos protagonistas, nos encontramos de nuevo a otros personajes a los que ya conocíamos. Volvemos a toparnos con el atractivo Nick, perdidamente enamorado de su esposa, con la joven Beth, con la tía Augusta y compañía. Pero también conocemos a nuevos secundarios que tienen sus momentos de gloria. James, el fiel servidor de Hugh, que lo atosiga con sus cuidados como si de una esposa se tratase. Tinsley, David y su desagradable madre.
En cuanto a lo que la forma de la novela se refiere, lo cierto es que está escrita con ese estilo de Robards que me gusta. Y digo “con ese estilo que me gusta” porque, para mí, existen dos Karen Robards: la autora de Pasión en la isla y aquella que escribió Escandaloso. De la primera prefiero no volver a saber nada. La segunda tiene mi incondicionalidad asegurada.
La Robards de Escandaloso e Irresistible crea a unos personajes masculinos encantadores, divertidos y tiernos, unos personajes masculinos de los que cualquier lectora podría enamorarse. Es el caso de Hugh, con sus sonrisas sesgadas, sus bromas constantes y la ternura con la que trata a Claire hasta cuando la cree una despiadada traidora. Asimismo, esta Robards que me gusta, utiliza un estilo sencillo, unas tramas bien definidas, lineales, sin resultar demasiado enrevesadas.
Me ha gustado mucho, aún cuando puede que muchos lectores piensen todo lo contrario, que haya dejado la trama del espionaje en un completo segundo plano. Cuando leo una novela romántica lo que me interesa es la historia de sus protagonistas y no la trama secundaria a la que, por norma general, dejo de prestar atención si se hace demasiado pesada o extensa. Eso no sucede en esta novela. La cuestión de la espía está ahí, pero, en realidad, no sirve nada más que para justificar el encuentro entre los protagonistas. A nadie le importa realmente quién es o qué hace la tal Sophy Towbridge. Sirve para una finalidad y ya está, no tiene mayor relevancia, aún cuando, por supuesto, la trama acabe cerrándose también en ese punto.
Asimismo, otra cosa que me ha llamado la atención y por lo que creo que Karen Robards se merece un aplauso, es que los sentimientos de los protagonistas no se convierten, para ninguno de los dos, en una desgracia o algo que tienen que combatir con todas sus fuerzas. Evidentemente, Claire, como mujer casada que es, sabe que no debe sentir lo que siente y, por lo tanto, intenta mantener las formas. Pero no hace un mundo de algo que, en realidad, no lo es. Hugh, por su parte, acepta lo que siente por esa mujer tal y como hace con todo lo demás: con ese desenfado y esa naturalidad que es inherente a su persona. Y eso que su verdadera identidad complica un poco las cosas… Y en este punto no puedo decir nada más ya que la identidad de Hugh constituye, para mí, uno de los puntos fuertes de la novela.
Finalmente, he de decir, que el final me decepcionó un poco. Desde la mitad de la novela, más o menos, me estaba preguntando cómo solucionaría la autora el “problemilla” que constituía el matrimonio de Claire… Y la solución no me pareció lo suficientemente trabajada. Aún así, tampoco es algo por lo que hundir la puntuación de la novela, así que le doy un 8,5.
                        
                                               

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