"El conde sintió un dolor punzante en el corazón como nunca había sentido. Si ella moría, él no querría seguir viviendo" Julia, Karen Robards.

lunes, 12 de marzo de 2012

El beso de la noche (Sherrilyn Kenyon).

                                                             

“Un hombre traicionado.

Hace siglos, se convirtió en inmortal cuando fue engañado por una cazadora oscura con la que mantuvo una breve aventura. Con la ayuda de su amante, el dios nórdico Loki, Morginne intercambió sus almas sin que él lo supiera, y Wulf Tryggvason se convirtió en un cazador oscuro al servicio de Artemisa, mientras que ella se convertía en humana. No contenta con eso, Moriginne también le lanzó una maldición, la cual puede resultar muy útil, aunque sumamente irritante: la amnesia. Nadie (excepto los otros cazadores y sus descendientes directos) recuerda a Wulf, incluso si te topas con él, a los cinco minutos se te habrá olvidado por completo que alguna vez le conociste. Este hecho es bastante satisfactorio si lo que estás buscando es un revolcón de una sola noche, pero hace muy complicado el poder mantener una relación estable, y sin el verdadero amor jamás podrá recuperar su alma.

Mil años después de su maldición, Wulf por fin se topa con una persona que puede recordarle, pero… ¡Maldición! Es una especie de princesa de la raza a la que él ha jurado perseguir y dar caza, los apolitas y, por lo tanto, esta mujer está prohibida para él.

Una mujer a las puertas de la muerte.

Cassandra Peters es mitad humana y mitad apolita, una raza condenada a muerte por el dios Apolo al cumplir los veintisiete años, a menos que maten a un humano y le roben el alma, convirtiéndose así en daimons. Ahora, a sólo ocho meses de su veintisiete cumpleaños, ella sabe que su tiempo se agota. Y, por si fuera poco, existe una antigua leyenda en la que se dice que cuando el último descendiente de Apolo muera la maldición sobre los apolitas cesará, y resulta que Cassandra es esa última descendiente, con lo cual muchos apolitas y daimons quieren matarla. Sin embargo, la verdad es mucho peor, y es que muchos no saben que si Cassandra muere, también lo hará el sol.

Una noche, Wulf acude en su rescate. Y, por primera vez, Cassandra conoce a un hombre que le hace desear todo aquello que no puede tener… amar a alguien y ser amada a su vez, y envejecer al lado de esa persona.

Juntos deberán enfrentarse a maldiciones, profecías, y la directa intromisión de los dioses griegos para encontrar la verdadera felicidad de una vez por todas.” (Sinopsis extraída de Autoras en la Sombra).

El beso de la noche supone la séptima entrega de la exitosa serie Dark Hunter, de Sherrilyn Kenyon. En ella nos encontramos con Wulf, el vikingo al que ya conocíamos de entregas anteriores, y con Cassandra, una mujer condenada a morir.

Wulf es un hombre maldito. Literalmente. No contenta con intercambiar sus almas y condenarlo a ser un Cazador Oscuro para el resto de la eternidad sin ni siquiera la satisfacción que le otorgaría la venganza, le dejó un último regalo de muy mal gusto: nadie, salvo los demás cazadores y sus descendientes directos, lo recordaría después de cinco minutos. Es por eso que Wulf se pasa la vida presentándose a personas que lo conocen desde hace años. Es por eso que el cazador no puede establecer ninguna relación con nadie. Su única familia es Chris, a quien ha protegido celosamente desde el día de su nacimiento. Es su último descendiente y, por tanto, su última posibilidad de ser recordado. Si Chris muere sin descendencia, Wulf se verá condenado a la soledad absoluta.

Así pues, cuando aquella noche rescata a Cassandra de los daimons sabe que en unos minutos ella lo olvidará completamente. A él y al apasionado beso con el que se despidieron. Lo que no espera es que, tras eso, ella se cuele en sus sueños noche tras noche. Y, desde luego, no espera que ella lo busque. Es imposible que lo recuerde. A no ser que…

En cuanto Wulf descubre quién es ella, monta en cólera. Esa mujer pertenece a la raza que él debe perseguir y exterminar. Por eso no duda en alejarse de ella, aun cuando esa mujer le hace sentir cosas que jamás había sentido antes. Aun cuando ella sea la única con la que podría mantener una relación de verdad ya que lo recuerda perfectamente. Y entonces Acheron, el misterioso jefe de los cazadores oscuros, lo llama y le encomienda la misión más desconcertante y peligrosa de su vida. Debe proteger a Cassandra, incluso con su propia vida.

Cassandra sabe que va a morir. Lo ha sabido desde siempre. Por eso se ha negado a establecer ninguna relación sentimental. No desea que nadie sufra por ella cuando se vaya. No quiere dejar hijos que apenas recuerden quién era su madre. Como le sucedió a ella. Pero, entonces, ocho meses antes de su veintisiete cumpleaños, lo conoce a él. Al vikingo extremadamente atractivo que acelera su pulso y eriza su piel. Al hombre que le hace desear algo que sabe que no podrá tener: más tiempo. Cassandra sabe que cualquier relación con él será un desastre. Ella lo amará y deseará envejecer a su lado. Algo que no podrá tener jamás. Salvo que robe un alma humana y se convierta en daimon. Y, en ese caso, él deberá matarla.

El beso de la noche reúne las características de las mejores novelas de la serie: unos protagonistas intensos, un argumento interesante, el irónico sentido del humor de la autora y una sobrecogedora historia de amor.

A los personajes los conocemos de entregas anteriores. Kyrian, Julian, Acheron, Zarek, Talon y compañía no son nada nuevo para los fervientes seguidores de la serie. Y siguen siendo los mismos. Contrariamente a lo que sucede en algunas series, estos personajes no sufren modificaciones de carácter entrega a entrega. Zarek sigue siendo el mismo borde de siempre, aunque por petición expresa de Astrid está tratando de hacer amigos. Ash sigue siendo el tipo misterioso que nos enamoraba en la primera entrega de la saga. Kyrian y su humor, Wulf y su autoritarismo, Talon y su pasión por las mujeres, Artemisa y su egoísmo, todos siguen ahí, iguales y, al mismo tiempo, evolucionados. Un poco menos misteriosos, tal vez, por llevar ya un tiempo con nosotros, algunos más familiares o reformados, pero siguen siendo los mismos y seguimos sintiéndolos como personas “reales”. Esa es una de las cosas que más me gustan de la autora. Aun cuando haya creado una saga aparentemente interminable (y eso sí que no me gusta), todos sus personajes están tan bien delineados, tan bien trabajados, que cuando termino una de sus novelas no me extrañaría salir a la calle y cruzarme con ellos.

Lo cierto es que El beso de la noche me ha gustado mucho, tanto que creo que se ha convertido en una de mis favoritas de la serie. La historia entre los protagonistas es preciosa.

Wulf tiene frente así todo aquello que desprecia y que ha combatido toda su vida. Pero, de repente, comprende que las cosas no son blancas ni negras. Los apolitas y los daimons, que hasta entonces habían sido seres anónimos para él, se convierten en personas, con nombres y apellidos, con hijos, profesiones, sueños y sentimientos. Personas condenadas a morir a los veintisiete años, dejando su vida a medio hacer. Él, que siempre había odiado a aquella especie, debe enfrentarse a la posibilidad de perder a personas que aprecia, de perder a Cassandra, por culpa de una maldición.  

Y Cassandra también debe enfrentarse a sus propias creencias, a sus propios prejuicios. Durante toda su vida le han dicho que los cazadores oscuros son asesinos, hombres que persiguen y exterminan a su especie. Mas, de la noche a la mañana, uno de ellos se convierte en su protector, en lo único que le separa de la muerte. También ella descubre que las cosas no siempre son tan taxativas como parecen.

En definitiva, una de esas novelas que vale la pena leer… 

¡Muchas veces!

Antes de cerrar esta crítica me gustaría mencionar a un personaje, alguien a quien ya conocía, pero que en esta entrega se ha ganado mi devoción absoluta. Alguien cuya novela esperaré ansiosa. Su nombre es Urian. Y es un daimon. Sí, sí, uno de los malos. Pero a lo largo de esta novela hace méritos para convertirse en uno de esos personajes que arrancan suspiros allá por donde pasan.

Le doy un 9,5.

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