domingo, 28 de noviembre de 2010

"Fin"



- Lo siento – susurró el doctor.
Y comprendí que había perdido. Que, finalmente, aquello había podido conmigo. Mi mirada huyó hacia la ventana, incapaz de soportar la compasión que impregnaba el aire de aquel cuarto, ahogándome, asfixiándome, recordándome que todas las horas de angustia, las noches de insomnio y los meses de lucha no habían servido de nada. De repente, tus ojos se encontraron con los míos, declarando, en silencio, que seguirías a mi lado. Y recordé nuestros planes, nuestras metas, las innumerables veces que habíamos fantaseado juntos.
Apreté tu mano en un desesperado intento de aferrarme a la vida, rezando, por primera vez, para que me concedieran un indulto. Un mes. Un día. Una hora sería suficiente.
Me sorprendí al notar la humedad de mis mejillas y me di cuenta de que, en esta ocasión, no me avergonzaba que me vieras llorar.
La calidez de tu triste sonrisa entibió mi corazón que se esforzaba por seguir latiendo en un cuerpo que ya no respondía. Y susurraste en mi oído las palabras que llevaba años ansiando escuchar.
- Te amo.
Incrédula, observé tu rostro detenidamente, intentando encontrar la lástima que podría haberte llevado a mentirme. Pero no hallé en él más que ternura y, por primera vez, reparé en el modo en el que brillaban tus ojos cada vez que me mirabas. Y me percaté de que todo había valido la pena. Cada lágrima. Cada esfuerzo. Cada instante de dolor me había llevado a aquel momento.
Casi sin fuerzas, te devolví la sonrisa. La muerte acechaba y, sin embargo, ya no la temía. Tu habías hecho realidad mi último sueño.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Buenas vibraciones (Lisa Kleypas)

No es ningún secreto que Lisa Kleypas es mi autora favorita y que sus novelas ocupan un lugar privilegiado en mi estantería. Nadie se sorprenderá, tampoco, si digo que de haber creado esta mujer a todos los hombres del planeta, el mundo sería un lugar maravilloso. Y es que Kleypas es, en mi opinión, de las pocas autoras que consiguen crear unos personajes masculinos tan reales y, al mismo tiempo, tan extraordinarios que la mayoría de las lectoras no podemos evitar enamorarnos de ellos. Y Jack Travis está muy lejos de ser una excepción. Si en las anteriores entregas de esta serie, Jack advertía ya que era uno de esos personajes que no se olvidan fácilmente, en su novela lo deja más que claro. Derek, Marcus, Hardy… dejen hueco, el Olimpo de la Kleypas tiene un nuevo habitante.

“Un hombre que nunca da explicaciones a nadie…

Nadie ha conseguido jamás llegar al alma y al corazón de Jack Travis. Hasta que Ella Varner aparece de la nada ante su puerta, echando chispas por los ojos y con un bebé en los brazos. Es hijo de su alocada hermana y, según Ella, Jack es el padre. Ella le exige que se responsabilice por una vez en su vida…

Una mujer que no confía en nadie…

Ella Varner es una mujer responsable y organizada. Su infancia le enseñó que el amor es pasajero y que es mejor evitarlo a toda costa. Pero esta convicción se tambalea cuando tiene que hacerse cargo de Lucas, que ha sido abandonado por su impulsiva hermana. Lo que Lucas necesita es estabilidad, y Ella está decidida a hacer lo mejor para él. Día a día va creciendo su vínculo con el inocente bebé, a pesar de haber tenido que mudarse a Houston para cuidarlo y buscar al padre. Lo que va a encontrar en esa ciudad cambiará su vida para siempre. Porque…

¿Quién es capaz de resistirse cuando hay buenas vibraciones?”

Buenas vibraciones supone la tercera entrega de la serie Travis, la primera saga contemporánea que escribe la grandísima Lisa Kleypas. En ella nos encontramos de nuevo con el carismático, encantador y, bueno, un poco tarambana Jack Travis. Y si en las novelas anteriores se había ganado ya un huequito en el corazón de las lectoras, en esta se sumerge de lleno, busca su lugar y se queda, probablemente, para siempre. Y es que en Buenas vibraciones nos encontramos con un Jack al que no conocíamos, un hombre que, en realidad, poco tiene que ver con aquel despreocupado y un poquito vividor individuo que Liberty se encontraba en su novela. Ni siquiera el protector y encantador hermano que ayudó a Heaven le hace justicia. El Jack Travis de esta novela es un tipo maravilloso, un hombre comprensivo, dulce, divertido, alegre, trabajador, bondadoso, responsable, etc., etc., etc. Cuando Ella Varner aparece en su despacho decide ayudarla aún cuando sabe que ese niño no puede ser suyo. Y es que ese es otro de los misterios que descubrimos en esta novela. Aún cuando parezca lo contrario, Jack Travis no se acuesta con todo aquello que lleve falda.

Así, de la noche a la mañana, la vida tranquila y despreocupada de este hombre se pone patas para arriba. Por voluntad propia, se convierte, de repente, en consejero, en amigo y… ¡en padre! Y, como siempre, sale airoso de todas estas situaciones porque él lo vale y porque, sencillamente, es Jack Travis.

La vida de Ella Varner no ha sido sencilla. Con una madre egocéntrica, egoísta, vulgar y frívola, ha tenido que proteger a su hermana pequeña desde que ella misma era poco más que una niña. Cansada de solucionar siempre los problemas de toda la familia, ha decidido rehacer su vida muy lejos de ellos. Todo parece ir bien hasta que una preocupante llamada acaba con su tranquilidad. Su hermana ha huido dejando a su hijo recién nacido con su alocada madre… ¡Y esta está dispuesta a entregárselo a asuntos sociales si Ella no se lo lleva pronto!

Así que, de repente, Ella tiene que cambiar a su novio vegetariano por un bebé llorón, su tranquilo trabajo en una revista por el de niñera las 24 horas y su bonita casa por un hotel que aún no tiene claro cómo va a pagar. Y, contra todo pronóstico, todo este desbarajuste la hace despertar y darse cuenta de que, tal vez, su vida no era tan perfecta como ella pensaba. Porque, como bien dicen Bon Jovi, si no tienes amor… ¿qué tienes?

En Buenas vibraciones nos encontramos con dos protagonistas inolvidables, con un hombre deseoso de amar y ser amado y con una mujer a la que el amor, sencillamente, le da pánico. Dos personajes que, de repente, deben hacer frente a su pasado, a su presente y a su futuro pero que, sobre todo, tienen que tener en cuenta que no están decidiendo por ellos solos ya que hay una personita, cuyas sonrisas han robado el corazón de la distante Ella, que depende de ellos por completo. El pequeño Lucas se convertirá en el eje central de la novela y ayudará a estos dos individuos a darse cuenta de qué es lo que importa de verdad.

Además, volvemos a encontrarnos aquí con esos encantadores personajes que hemos ido conociendo a lo largo de la serie. Gage, Liberty, Heaven, Hardy, Churchill, y demás aparecerán en Buenas vibraciones para mostrarle a Ella que, aún cuando la suya haya sido una excepción, la familia está ahí para las buenas y para las malas.

En definitiva, Buenas vibraciones es una maravillosa novela que te sumerge en la historia desde el primer momento, convirtiéndote en un personaje más. Entre risas y lágrimas (y algún que otro taco cuando la señora Candy Varner, personaje desquiciante donde los haya, aparece en escena) descubres que las cosas buenas de la vida llegan cuando menos te lo esperas y en el formato más sorprendente. Pero, sobre todo, esta es una novela familiar, más todavía que las anteriores, en la que se deja bien claro que aquellos que te quieren están ahí siempre que lo necesitas… sin que tengas que molestarte en pedirles ayuda.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Leyenda (Elogio de la sombra)

Aquí os dejo un texto de Borges que me ha encantado y, al mismo tiempo, me ha hecho pensar.
"Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. Abel contestó:
- ¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.
- Ahora sé que en verdad me has perdonado - dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.
Abel dijo despacio:
- Así es. Mientras dura el remordimiento, dura la culpa.